viernes, 30 de diciembre de 2016

Lo mejor del 2016

Otro año se cierra y se acaba un nuevo desafío de lectura.
Este año, sobre un total de setenta libros propuestos a comienzo de año, logré leer setenta y uno. Y Goodreads me ofrece este balance:


Y, por supuesto, además del libro más corto y el más largo, entre todos eso hubo algunas lecturas realmente memorables. Estos son los tres libros del año que merecieron cinco estrellas:

1. La casa de papel, Carlos María Domínguez.

Una novela bien cortita y deliciosa, creada y pensada para amantes no sólo de la lectura sino del libro como objeto. La trama rodea el misterio que deja la muerte inesperada de una profesora y la llegada de un libro destinado a ella. Desde ahí, la historia se abre en la búsqueda de un hombre que construyó una casa con los libros de su biblioteca, y se sumerge en el misterio pero, sobre todo, en el amor por los libros y la manía por su cuidado.

La novela está repleta de frases fabulosas sobre el vínculo que los lectores establecen (establecemos) con los libros y cómo nos volvemos fanáticos delirantes cuando se trata de darles lugar en nuestra vida, planes e ideas. Un ejemplo:
"Los libros cambian el destino de las personas. Unos leyeron El tigre de la Malasia y se convirtieron en profesores de literatura en remotas universidades. Demian llevó al hinduismo a decenas de miles de jóvenes, Hemingway los convirtió en deportistas, Dumas trastornó la vida de miles de mujeres y no pocas fueron salvadas del suicidio por manuales de cocina. Bluma fue su víctima. 
Pero no la única. El viejo profesor de lenguas antiguas, Leonard Wood, quedó hemipléjico al recibir cinco tomos de la Enciclopedia Británica en la cabeza, desprendidos de un estante de su biblioteca; mi amigo Richard se quebró una pierna al intentar llegar hasta ¡Absalom, Absalom!, de William Faulkner, mal ubicado en un anaquel que lo llevó a caer de la escalera. Otro amigo de Buenos Aires enfermó de tuberculosis en los sótanos de un archivo público y conocí a un perro chileno que murió indigestado con Los hermanos Karamazov, después de devorar sus páginas en una tarde de furia".
Una novela que reflexiona sobre la bibliomanía y las múltiples alegrías y locuras que trae unidas.

2. Margot - La pequeña, pequeña historia de una casa en Alfa Centauri, Toño Malpica.

Esta novela fue un hallazgo, una maravilla de la literatura infantil que llegó hasta mis manos gracias a un préstamo. Narra la historia de Margot, una niña que vive y trabaja en un basurero pero, al mismo tiempo, es una superhéroe.

Es una historia cruda y, en ciertos momentos, hasta triste, que trae al centro cuestiones sobre los estilos de vida según los diferentes niveles adquisitivos y las diversas búsquedas y aspiraciones de vida. Sin embargo, nada esto se vuelve el eje de la historia. Margot es siempre su centro, Margot y su papá, sus amigos, sus mascotas, la gente con quien tiene contacto; Margot y su propia mirada sobre la vida, y todo lo que aprendió de su papá y de su familia en el basurero. Y todo, además, queda impregnado de una liviandad, de una alegría y una sencillez que muestran que la vida no depende de nada más que de uno mismo y de las ganas que se tengan de vivirla.

Es entretenida, agridulce y su escritura enlaza cada capítulo como eslabones en una cadena, haciendo que leer esta novela sea un paseo. Excelente.

3. Shouldn't you be in school? (¿No deberías estar en el colegio?), Lemony Snicket.

Este es el tercer título de la última saga de Lemony Snicket, llamada All the wrong questions (Todas las preguntas equivocadas). La primera novela es Who could that be at this hour? (¿Quién podría ser a esta hora?), la segunda, When did you see her last? (¿Cuándo la viste por última vez?) y, la cuarta y última, Why is this night different from all other nights? (¿Por qué esta noche es diferente a todas las otras noches?).

Como todo lo que sale de la mente de Snicket, esta saga es un delirio absoluto. Narra la historia del joven Snicket, que comienza a formarse dentro de una asociación ultra secreta llena de misterio e intriga. Las novelas siguen sus vueltas y aventuras en un pueblo lejano, con personajes tan extraños y misteriosos como el propio oficio del protagonista.

Con una escritura ácida y melancólica, irreverente y llena de giros ingeniosos, Snicket autor regresa con vivacidad a la literatura, en este caso dentro del género policial negro. Además, suma puntos porque también regresan algunos temas de Una serie de eventos desafortunados y siempre queremos leer más sobre eso.


Estas son las tres joyas que me llevo del 2016. Sin embargo, ningún balance de fin de año está completo sin alguna mención especial. En este caso las menciones les tocan a libros que, si bien no llegaron a la máxima calificación, sí me ofrecieron lecturas maravillosas. Los elegidos son:

- El perro del peregrino, Liliana Bodoc.
Es una novela de capítulos breves, que cuenta la historia de este perro que, si bien nunca se dice explícitamente, acompaña a Jesús durante algunos años de su vida. Gracias a la prosa delicada y bellísima de Liliana, esta historia es dulce, respetuosa y, además, amena.

- El cielo de los animales, David James Poissant.
Una colección de cuentos crudos, secos, con personajes mediocres y vidas truncas. Poissant tiene una escritura pertinente: todo lo que cuenta es importante, incluso aunque se trate de una digresión en el relato. Recomiendo especialmente "100% algodón", un cuento perfecto.

- Arcilla, David Almond.
Una novela bien extraña y vertiginosa, en la que las preguntas sobre el bien y el mal toman protagonismo y los personajes quedan inmersos en un ambiente ominoso, de amenaza constante. El malestar se extiende a medida que avanza la novela y eso la hace fabulosa. Por acá hay una reseña más completa.

EXTRA: Harry Potter y el legado maldito / Animales fantásticos y dónde encontrarlos (guión), ambos de J.K. Rowling.
Sabemos que no han sido grandes ejemplos de escritura y que, en algún punto, muchas cuestiones en ambas historias (sobre todo en la primera) están traídas de los pelos. Pero nunca deja de ser una maravilla leer sobre el mundo mágico, su crecimiento, sus costumbres y sus modos. Fueron una sorpresa del año y no sé si alguna vez podré realmente dejar de lado a Rowling en mi selección de las cosas que más me gustaron del año (y de la vida, para qué mentir).

¡Adiós, 2016!
Que el año que viene nos traiga más libros, nuevas sorpresas y, sobre todo, aventuras literarias.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Ciencia ficción y más ciencia ficción

Con las primeras tardes de sol y gusto a tiempo libre, las ocasiones para leer y disfrutar (¡finalmente!), se multiplican. Y, en esta ocasión, volví a sumergirme en la ciencia ficción y en todas las alegrías y, sobre todo, tristezas que tiene para ofrecer.

Acá, entonces, una lista de recomendaciones de libros, películas y series para estas fiestas y para el verano que se acerca a toda velocidad.

1. Monstruos por el borde del mundo, Eduardo Abel Gimenez.
Hay un pueblo donde todos sueñan con monstruos y, horror de horrores, esos monstruos se hacen realidad al día siguiente. Pero el protagonista no, él sueña con Carmen. Y Carmen, evidentemente, no es un monstruo. 

La historia no regala mucha información al principio, y juega con la incertidumbre constante. De a poco, en capítulos breves y fáciles de seguir, se revela con sencillez  y en medio de las aventuras que deben atravesar, qué vínculo existe entre los dos protagonistas y, más importante aún, dónde vive cada uno y cómo están conectados esos lugares.

2. Solaris, Stanisław Lem.
La llegada de un psicólogo a Solaris, un planeta cubierto en su gran mayoría por una especie de océano negro, ubica al lector en el medio de un ecosistema extraño que aún no ofrece respuestas claras a los científicos.

La historia gira en torno a ciertas "apariciones" que ponen en tela de juicio la capacidad humana de discernir y, además, los valores de la vida y, en tal caso, del amor. Lo desconocido se presenta en primera instancia con la impronta del siniestro freudiano (lo familiar como algo extraño; lo conocido como algo alienado pero que conserva el aspecto usual) pero, a medida que avanza la historia, muta y se transforma con sutileza en lo conocido, desequilibrando las decisiones de los personajes y sus certezas.

Plagada de análisis científicos y monólogos interiores del protagonista, la novela presenta con fuerza la desolación propia del ser humano que se descubre pequeño y abrumado por el vasto universo.

3. Nunca confíes en una computadora, Verónica Sukaczer.
Una serie de cuentos muy atrapantes concentrados en ilustrar el modo en que la ciencia y la tecnología afectan negativamente a la humanidad. Un trabajo con el tópico del "hombre versus la máquina" en el que la máquina no siempre se rebela de modo súbito y notorio. 

Este libro se puede leer mientras se miran las tres temporadas que existen hasta ahora de...

4. Black mirror (serie).
Ídem al libro anterior, la temática que estructura esta serie antológica es el avance de la tecnología y su peso sobre la humanidad. Todos los capítulos presentan diferentes variedades de mundos futuros en los que la tecnología, especialmente aquella vinculada al uso de celulares, internet y redes sociales, han afectado a la humanidad alienándola y atándola. Para mirar de un tirón en Netflix y terminar con el corazón aplastado.

5. Arrival (La llegada, 2016), película de Denis Villeneuve.
Recién estrenada este jueves, la nueva película de Villeneuve, categorizada por él mismo como "dirty science fiction", es un canto no sólo al género sino a la esencia del mismo, el cuestionamiento de ideas y conceptos centrales para la humanidad como, en este caso, la cooperación universal, la unión entre lo individual y lo colectivo, la capacidad de escuchar y recibir a otros, la comprensión, la tolerancia y el lenguaje y sus alcances.

La dirección, la fotografía y la banda sonora acompañan con fuerza este guión basado en "The story of your life", un cuento de Ted Chiang (que no leí y me tocará hacerlo) que presenta la historia de una lingüística contratada por el ejército para descifrar el lenguaje de unos alienígenas recién llegados a la Tierra. La película despliega suspenso en medio de una trama que, a medida que se va desovillando, se descubre que está mucho más enmarañada de lo que se creía. 

Simplemente brillante.



domingo, 2 de octubre de 2016

Prosa que enamora

En mi perfil de Goodreads, lugar donde es posible armar y organizar los "estantes" de la propia biblioteca (etiquetas para organizar los libros leídos o por leer según temas, géneros, etc) como uno desea, hace ya un tiempo habilité uno que se llama "prosa que enamora".

En su momento, no pensé demasiado en el título que le estaba poniendo. Rimaba, se veía bien; listo, eso servía.

Sin embargo, a medida que me fui sumergiendo más en la literatura infantil y, sobre todo, juvenil, me di cuenta de que quizás esa estantería quedaba algo grande. O vacía.

No resultó tan sencillo encontrar libros con prosa que enamorara, con una escritura que resultara cautivante, llena de palabras vivas y vibrantes. La mayoría de los libros que leía estaban centrados en la trama, en el desarrollo de la historia y, sobre todo, en generar siempre suspenso, para seguir atrapando al lector. Si en el medio justo había una oración que sonaba mejor o traía una metáfora interesante, pura suerte.

Así que revisé cómo andaba esa estantería movida por la curiosidad y consideré que podía ofrecer, ahora, una primera selección de las novelas que leí en el último tiempo y que con sus frases me conquistaron los ojos (y gran parte del corazón).

1) La pendiente resbaladiza (Una serie de eventos desafortunados, #10), Lemony Snicket, y La cueva oscura (Una serie de eventos desafortunados, #11), Lemony Snicket.

Ya es de público conocimiento que el estilo de Lemony Snicket me vuelve loca. Toda la saga es una delicia por el trabajo cuidadoso y deliberado que hace el autor para presentar metáforas sencillas y para jugar con el lenguaje desde la figura del narrador. 

Estos dos libros, sin embargo, en su momento me resultaron increíbles. Las reflexiones del narrador y las descripciones de los espacios estaban llenas
de frases impresionantes y, siempre, bien sencillas. Debo recordar que los leí en inglés y que creo que hay algo de la magia de Snicket que a veces se pierde en las traducciones, pero acá acerco una frase de cada libro:
"Si sentís... que la gente leída es menos propensa a ser mala, y que un mundo lleno de gente sentada, tranquila, con buenos libros en sus manos es preferible a un mundo lleno de cismas y sirenas y otras cosas ruidosas y problemáticas, entonces cada vez que entres a una biblioteca podés decirte a vos mismo: 'El mundo es tranquilo acá', como una suerte de promesa que proclama que la lectura es un bien mayor".
"La gente no es ni mala ni noble. Son como las ensaladas del chef, con cosas buenas y malas cortadas y mezcladas juntas en una vinagreta de confusión y conflicto".

2) Los saqueadores de sueños (The Raven Boys, #2), Maggie Stiefvater.

También en su momento había hecho una reseña sobre lo impactante (y raro) que era el estilo de escritura de Maggie Stiefvater. El segundo libro de la saga me dejó con la impresión de que eran las palabras las que hacían respirar a los personajes. No sólo por el modo en el que se los describe sino, y sobre todo, por cómo se encastran sus acciones con frases atípicas y muy particulares, pensadas en detalle para cada personaje.

Un ejemplo (también extraído de su versión en ingles):
"Había muchas versiones de Gansey, pero esta había sido escasa desde la introducción de la presencia domadora de Adam. Era, además, la favorita de Ronan. Era la opuesta al rostro público de Gansey, que era puro control encerrado en una envoltura académica delgada como el papel. Pero esta versión de Gansey era Gansey el chico. Este era el Gansey que compró el Camaro, el Gansey que le pidió a Ronan que le enseñara a pelear, el Gansey que contenía todas las chispas salvajes para que no aparecieran en las otras versiones. ¿Lo había liberado el escudo que estaba en el lago? ¿La bikini naranja de Orla? ¿Los restos destruidos de su Henrietta reconstruida y las identificaciones falsas que habían encontrado? A Ronan no le interesaba. Todo lo que importaba era que algo había prendido el fósforo y Gansey estaba ardiendo". 
3) Algo que domina el mundo, Franco Vaccarini.

Cuando escribí la reseña de este libro, también lo aclaré: la novela tiene la capacidad y el arte para presentar el mundo adolescente y sus complejidades a través de oraciones y párrafos circulares que hablan de pensamientos y sensaciones cruzadas, confundidas, mezcladas y que, sin embargo, dibujan  con claridad el rostro de la juventud.

Una frase del comienzo:
"Odiaba la primavera, también; pero ya no. A veces tengo días buenos, días donde vivir es parecido a soñar; y en ese sueño soy de carne y hueso, puedo tocar las cosas y las cosas me tocan, existo de verdad. Eso es lo importante: ser real, entender que uno tiene el corazón fuerte, que late, late, late, resiste pulso a pulso, sístole a diástole, yo qué sé. Un corazón no es algo fácil de parar".


Hay más libros y hay más frases que eventualmente llegarán a otro post. Por ahora, estos, que valen la pena y que son un viaje fabuloso a mundos bien armados, a personajes autónomos, a ambientes que envuelven. Mientras tanto, la tarea de engrosar esta estantería seguirá presente y sedienta.

martes, 20 de septiembre de 2016

Donde viven los libros

Desde hace tiempo, el blog Donde viven los libros recomienda lecturas infantiles interesantes y no siempre tan comunes (también lo hace a través de sus otras redes sociales: FacebookTwitter e Instagram). Con lo cual, cuando supe que los artífices detrás del blog abrirían una librería, me puse en contacto y arreglé para ir a visitarla.

Así que, el sábado pasado por la mañana, conocí la librería Donde viven los libros.

Carola Martínez me recibió, junto a Ramón Paez, en una librería hermosa, muy sencilla y decorada con cuidado. Luego, ya en su oficina y entre cientos de libros y mates, me contaron un poco sobre esta idea.


La librería se presenta como un espacio donde aquellos cegados por amor a un libro infantil o juvenil, literario o de teoría, difícil de conseguir, pueden ir a cumplir sus sueños. Si bien tiene un espacio físico donde se pueden mirar los libros, la librería funciona principalmente a través de internet. Me explicaron toda la ciencia detrás del armado de la página y, sobre todo, me contaron que entienden que ahora las búsquedas de libros dan vueltas por internet en su mayoría.

Coincidí, mis últimas compras de libros fueron a través de webs de librerías.


Carola y Ramón conocen un montón y saben cómo funciona el mundo editorial y cómo son, en general, las necesidades del público lector, de los especialistas y de los maestros y profesores. La librería, entonces, es un espacio bien especializado. A mí, de hecho, me hicieron muchas recomendaciones, muy precisas (¡y con mucho entusiasmo!) sobre el género dentro del que ando buscando lecturas.


Fue una visita muy agradable e informativa (y me crucé con cientos de libros hermosos y varios realmente difíciles de encontrar) y, sobre todo, descubrí una vez más que hay gente apasionada por la lectura, por la formación y por dar a conocer joyas literarias, y que es posible seguir abriendo el campo de la literatura infantil y juvenil para que llegue a los sedientos de las palabras.

Así que, cuando se hayan enamorado de un libro que no saben cómo conseguir, Donde viven los libros puede tener la respuesta.

¡Gracias, Carola; gracias, Ramón!


sábado, 17 de septiembre de 2016

Como una película en pausa

Ayer tuve la oportunidad de participar un rato de la presentación de Como una película en pausa, novela de Melina Pogorelsky editada por Edelvives este año.

Fue en una librería/espacio cultural precioso, que invitaba a quedarse a tomar algo mientras se miraban los libros y se escuchaba hablar a los autores, editores y familiares que habían ido a acompañar y alegrarse con la autora.

En la presentación participaron Natalia Méndez, la editora valiente de este libro, Mario Méndez, escritor que ya se había cruzado con la novela cuando aún no estaba terminada, Claudio Bidegain, un especialista en estudios de género que se encargó de darle un contexto sociopolítico a la publicación de esta novela y, claro, Melina.

De izquierda a derecha: Natalia, Melina, Mario y Claudio.
La presentación fue sencilla y amena. Siempre es precioso ver la cara de alegría del autor y participar del ambiente con olor a sueño cumplido que supone la presentación en sociedad de una novela que se gestó adentro durante tanto tiempo. Más esta, que, luego de su escritura, según contaron, tuvo idas y venidas a la hora de publicarse.

Sobre eso conversaron un poco quienes acompañaban a la autora, sobre lo que significa que una editorial tenga que animarse a publicar una novela que presenta el descubrimiento y afianzamiento de la identidad sexual de un adolescente. Y cómo la posibilidad de leer textos así abre puertas y desmitifica fantasmas. 

Porque Como una película en pausa es, ante todo, un relato sobre la adolescencia y las confusiones e incertidumbres de descubrirse como persona. El corazón de la novela radica en la posibilidad de que los personajes se cuestionen sobre qué es lo que quieren y quiénes son ellos en relación con los otros y con ellos mismos.

Las preguntas se abren y estiran en el relato con mucha naturalidad y siempre a través de la voz de los personajes, que ilustran con claridad el lío de emociones e ideas que se dan en ese tiempo de desarrollo y construcción de la propia vida. Los descubrimientos que hacen Lucho, Dami y Flora se desenvuelven con sencillez y sutileza, y en ningún momento aparecen escenas clichés (palabra que Mario Méndez también retomó, señalando algo similar) ni armadas o teatrales. En la novela hay espacios de diálogo y de preguntas interiores que no tienen el dramatismo o el juicio del ojo ajeno sino la incertidumbre propia del que está atravesando ese momento.

En la presentación se leyeron algunos fragmentos que fueron acompañados por una puesta visual muy bonita a cargo de Natalia Méndez. Las escenas elegidas para leer fueron algunas de las que más me gustaron de la novela por el peso emocional que presentan a través de diálogos sencillos. Por ejemplo:
"Se pelean como dos hermanitos, loco. No da. La estábamos pasando bien. Sigamos. ¿Dale? Cambien las caras. ¿Preguntás, Lucho? ¿No? Bueno, entonces yo. Me pregunto y me contesto sola. A ver... Flora, ¿es verdad que tenés ganas de llorar? Sí. Porque mis amigos, que son lo más importante que tengo, se portan como dos nabos. Bien. Ahora les toca a ustedes. ¿Ninguno? Ok, yo de nuevo".

Hay una palabra que no puedo dejar de repetir, tanto para hablar de la presentación como de la novela: la sencillez. Porque así, apelando a los movimientos propios de la vida de los adolescentes, situándose justo en el medio del torbellino de emociones e ideas que giran alrededor de los personajes, y todo sin aplicar una mirada exterior, con ideas ya armadas sobre la sexualidad y la adolescencia, Melina ofrece con fuerza descomunal un retrato de la intensidad que supone ser adolescente.

Qué ganas de leer más sobre estos personajes.

martes, 23 de agosto de 2016

Harry Potter and the Cursed Child

En el hermoso lío de aventuras y emociones que fue el mes de julio, algo que se destaca como un diente fosforescente es que pude ir a ver la segunda parte de la obra de Harry Potter and the Cursed Child al Palace Theatre. En Londres. En Inglaterra. Yo. De verdad.

Y como ahora sí, después de volver, de caer, logré terminar de leer el libro completo, estoy lista (o por lo menos creo que lo estoy, me resulta imposible terminar de procesar la emoción que todavía arrastro desde el mes pasado) para hacer una reseña doble: obra y guión, guión y obra, lo último de las aventuras de Harry Potter, juntito y desde una mirada total y completamente subjetiva y cautivada por este eterno relato.

Acá va.
Y ojo que habrá spoilers.

La obra
(y la aventura de ir al teatro en Londres)
El 15 de julio, después de tomar dos trenes para alcanzar Londres desde Brujas, Bélgica, cansada, más nerviosa que cualquier otra cosa, y acompañada por dos amigas que se merecen el cielo, aparecí en el Palace Theatre para ver la segunda parte de la obra. Era lo que podía ver en el tiempo reducido de mi visita a Londres y era lo que había conseguido. Tenía la entrada comprada desde octubre del año anterior (!).


Aún no convencida de que yo, pobre fanática sudamericana, iba a poder entrar en el círculo de la magia más íntima, esa de los privilegiados europeos que no tenían un avión de trece horas para llegar hasta el teatro y que no tenían que convertir pesos a libras para poder comprar cualquier cosa, me acerqué a la taquilla para retirar la entrada con miedo.

¿Y si todo era un gran error? ¿Y si me decían que no, que había habido una falla, que la tarjeta no sé qué, que el titular esto, que mi apellido aquello?

Y no pasó nada, entonces pasó todo: me dieron mi entrada y me puse a llorar.

Con veinticinco años encima, en la taquilla, frente a un señor británico, con la mochila abierta, papeles desparramados por todas partes, dos amigas riéndose y festejando y con una entrada, la única entrada, en la mano, me puse a llorar.
Todo lo que vino después fue una gran ola de emoción que todavía no terminó.

Alguien todavía no lo puede creer.

Adentro del teatro una chica pudo contarme de forma concisa, efectiva y bien británica, qué había sucedido en la primera parte de la obra:
"Um... Albus y Scorpius encuentran un Giratiempo y viajan para salvar a Cedric Diggory. Lo logran, pero eso cambia el futuro y ahora Albus no existe, Voldemort reina y Harry Potter está muerto".
Como una piña a la panza. Así que con mi mejor semblante de mesura y control, respondí:
"Ah, bastante".

Y entré.

El espectáculo fue increíble. La puesta de escena era sencilla, sobria y acotada, pero creaba diferentes escenas y colaboraba en la construcción del clima de cada momento. Apenas eran unas escaleras en movimiento, o unos baúles, o una hilera de puertas, pero ningún objeto era innecesario y todo cumplía un rol. A eso se le sumaban los efectos especiales que sí eran más grandilocuentes, y, en esa pequeña astucia de contraposición, la atención quedaba enganchada en la magia: en los hechizos que eran estallidos, luces o llamaradas, en los dementores que volaban y sacaban almas, en los viajes en el tiempo, que comprimían el escenario, o en las transformaciones increíbles que se daban a partir de las pociones multijugo.

Nada estaba sobrecargado ni era un exceso, ni tampoco se privilegiaba la técnica por sobre el desarrollo de la historia o las actuaciones de los actores. Estas dos últimas cosas eran el verdadero corazón.

Y sin duda alguna, fueron los actores quienes, para mí, hicieron que le circulara sangre al espectáculo. Sus interpretaciones de los personajes fueron impecables. Quienes tienen los roles de Harry, Ron, Hermione, Ginny y Draco ofrecen una lectura de los personajes que conjuga perfectamente el tiempo que pasó desde que se los vio por última vez en las Reliquias de la Muerte y el espíritu original de cada personaje. Hermione es Hermione y Ginny es Ginny (¡la del libro, no la de la película!), y todos mantienen la frescura de sus interacciones. No son nuevas versiones, son ellos, más grandes, ya padres, ya adultos.

Y les ponen la vida entera a sus personajes.

Hubo dos escenas en concreto que me resultaron muy impactantes pura y exclusivamente por el modo en que los actores las llevaron adelante. La primera fue el encuentro entre Harry y el retrato de Dumbledore y la segunda, la más mortal y la que me hizo volver a deshacerme en lágrimas, la escena (¡grandes spoilers a continuación!) en la que los protagonistas ven cómo Voldemort asesina a Lily y James. Y como el asesinato no se muestra en escena y lo único que se ven son las reacciones de los personajes (¡qué guionistas astutos!), la audiencia se siente parte de ese dolor.

Pobre Harry.

Los nuevos personajes, especialmente Albus y Scorpius, están interpretados por jóvenes que saben darles vidas interesantes y facetas que los hacen muy reales. Fue muy entretenido conocerlos a medio camino de la historia y aprender sus rasgos. 

Me fui del teatro extasiada y con el corazón encendido: me había encontrado de vuelta con Harry, en su propia casa, y había vivido con él una nueva etapa de su vida; unas aventuras nuevas y completamente inesperadas. ¡Qué regalo inmenso!

El guión
Tiempo más tarde, ya de vuelta en Buenos Aires, me llegó el guión completo. Conocedora ya del final de la historia, mi desesperación por leerlo fue menor (es decir, en vez de leerlo en un día, lo leí en tres).

Tengo una impresión más marcada de la segunda parte por razones obvias. Sin embargo, ahora que leí todo, puedo terminar de armar una reseña más completa que, así y todo, no deja de ser altamente subjetiva, porque, seamos honestos, Harry Potter me encanta.

Dicho esto, acá me lanzo.

La historia me gustó pero no me encantó (¡todo tiembla!).

Tal y como dije antes, el desarrollo de los personajes está muy bien hecho y es muy respetuoso de sus caracterizaciones originales. Harry y los demás se mantienen como eran y desde ahí se los desarrolla en términos de los años que pasaron y los cambios que sufrieron. Así es como también se dan escenas muy ricas entre ellos, en las que apenas una línea habla mundos enteros (hay una, en particular, que me dibujó siete años de historia: "It is exceptionally lonely, being Draco Malfoy", le dice Draco a Harry, en una conversación intensa). A esto se le suma, además, que ciertos episodios recuperan temas que quedaron algo latentes y sin terminar de resolverse en la saga original. Por ejemplo, que Harry y Dumbledore puedan conversar más honestamente sobre lo que le significó a Harry el camino arduo que le dejó preparado Dumbledore.

El guión es muy fuerte en esas cuestiones y propone un entramado de vinculaciones, incluso las de padre-hijo que tiene mucho menos desarrollo porque implican a Albus y Scorpius, que son nuevos en este mundo, que se sostiene con fuerza y le da vida a la historia.

Y que la sostiene, porque luego, la trama, me pareció un poco traída de los pelos. 

Por momentos, la sensación general era que el conflicto de la historia estaba pensado por un fan entusiasta listo para inventar cómo seguir con las aventuras de Harry. De hecho, en algún punto, la trama se roza peligrosamente con la de A Very Potter Musical (si no se sabe de qué estoy hablando, se debe empezar mirando por acá). Y el punto más débil se alcanza, en mi opinión, cuando se revela la naturaleza del villano. Ahí sí me sentí dentro de un fanfic.

Sin embargo, como los personajes vibran y los intercambios y el trabajo de las vinculaciones es tan real, tan sentido y tan especial como en los libros previos, la trama no sólo se sobrevive sino que hasta se acepta. Más si uno esta tan listo para perdonarle cualquier cosa a Rowling como yo.

En términos generales, me resultó sumamente emocionante volver a leer estos personajes, verlos más grandes, más complejos, pero igual de encantadores y de nuevo entre varitas y capas. Fue un reencuentro, también, con la emoción del fanatismo irracional y con el placer de leer (y ver) una historia bien contada.

La emoción no se pasa y espero que logre encontrarse un lugar adentro mío donde pueda vivir para siempre y donde yo pueda ir a visitarla para seguir alimentando la alegría de las buenas historias.

Gracias, Jo. Seguiré esperando más, siempre.


miércoles, 3 de agosto de 2016

Europa y sus libros

El mes pasado estuve en Europa. 

Atravesé gran parte del continente en un lapso de treinta días y con la compañía de dos amigas que entienden que parte de mi cabeza está dedicada a pensar sólo en libros.

Vi maravillas, me encontré con otras culturas, otros idiomas, nuevas comidas y sabores, música bastante conocida y gente muy amable.
Y me encontré con libros y, sobre todo, con que allá también valoran la palabra escrita, la veneran y la atesoran.

Así que en un intento por compartir algo de todo lo que recibí y descubrí allá, armo este post con mis encuentros literarios en Europa (en orden de llegada, sin ánimos de armar un ranking, porque cada lugar me dejó un sabor distinto y unas ganas diferentes de sentarme a leer y a escribir).

1. Librería Acqua Alta
Venecia, Italia.

Era uno de esos mitos que se leen en las listas de Buzzfeed ("Las 10 mejores librerías del mundo"; "Librerías que todo booknerd debería conocer", etc, etc.). Las fotos que había visto inflaban aún más ese estatus mítico. Se veía preciosa e inverosímil, una librería condenada por su ubicación tan baja y cercana a los canales, tan vulnerable a las crecidas del agua, que, sin embargo, había hecho de su gran debilidad, su mayor atractivo.

Y es todo eso. 

En la entrada hay un cartel que anuncia que se está por entrar a la librería "más bonita del mundo". Sus pasillos son estrechos pero porque a los costados se alzan paredes altísimas de libros apilados unos sobre otros. Están sobre mesas, barcos, góndolas y bañaderas; recostados sobre cuadros, hechos escaleras, funcionando como almohadas de gatos. Todos en italiano y todos impregnados de un aroma húmedo.

Su mayor tesoro es un rincón con dos sillas y un silloncito desvencijado que da a una puerta sin puerta que desemboca en el canal. El agua lame el borde y amenaza con entrar en cualquier momento. Sin embargo, los libros ahí también se asoman desde las estanterías y desafían el peligro del agua. Sentarse a leer ahí, acompañado por el chapoteo de las pequeñas olas contra la piedra y los murmullos de las góndolas que pasan cerca es como estar dentro de una de las historias que encierran los libros de ese lugar.


2. Internationale Jugendbibliothek
Múnich, Alemania.

A esta biblioteca, que está ubicada en el Schloss Blutenburg, un castillo completito, la tenía en la mira hacía tiempo. Es la mejor biblioteca (y también la más completa) de literatura infantil y juvenil. 

No está en el corazón de Múnich, hay que tomarse un tren y un colectivo para llegar. Pero está en una zona residencial tan preciosa, y los jardines que rodean el castillo (y que ahora son parque) están tan cuidados que resulta placentero hacer el viaje para visitarla.

Que una biblioteca esté dentro de un castillo es un sueño casi equiparable a la biblioteca de la Bestia en la película de Disney. Resulta muy especial considerar que allá ese es el lugar que ocupan los libros.


Pude visitar poco, porque una parte estaba cerrada cuando fui, pero el ambiente es tan calmo y el silencio del castillo tan respetuoso que dan ganas de quedarse leyendo y estudiando las historias de esos libros. 

Quiero volver.

3. British Library
Londres, Inglaterra.

Era una tarde húmeda y calurosa y caminé hasta allá. No esperaba un edificio rectangular y escondido. Tampoco esperaba entrar y encontrarme con una biblioteca en el medio, alta, que atravesaba todos los pisos como un árbol que no pudo evitar crecer, rodeada de vidrios. Esa es la biblioteca del rey y nosotros, aldeanos pobres, sólo podemos admirarla por afuera.

Hay muchos pisos y cada uno tiene alguna temática. Hay también sillas, mesas y sillones por todas partes. Todo invita a quedarse estudiando, charlando, leyendo. 


En la planta baja, un pedazo de cielo: los tesoros de la biblioteca, que abarcan desde la Biblia de Gutenberg hasta manuscritos de Jane Austen y canciones de Los Beatles. No se permite sacar fotos y la sala está inundada de un silencio contemplativo que hace más sencilla la tarea de absorber semejantes maravillas con los ojos.

Me quedé un buen rato. Me senté entre estudiantes y merendé con los ojos clavados en la inmensidad de la biblioteca del rey. Y pensé que podría vivir ahí adentro, para siempre.

4. Shakespeare & Co.
París, Francia.

Otra librería que también es parte de las listas de Buzzfeed. La más linda, la más artística, la más mítica, la más, la más. Había escuchado mucho sobre ella y sus joyas escondidas. 

Y está llena de libros hermosos, y tiene una sala de lectura con algunas ediciones muy antiguas que no se venden. Y, sí, hay un piano, libre y disponible para quien se anime a acariciar sus teclas, y hay colchones por todas partes. 

Y lo que está, lo que más me conmovió, fue el aire, el ambiente, que hablaba de un respeto profundo y absoluto no sólo por la lectura sino, y quizás especialmente, por la escritura. Mientras recorría los pasillos angostos tuve la sensación de que ahí también, encerrados en las páginas de esos libros, estaba la sed de sus autores, el anhelo y la pulsión por escribir que habían tenido y que habían dado como fruto esas mismas historias.


Había un rincón, pequeño y abarrotado de libros, con una máquina de escribir. Ahí se podía dejar un mensaje o sentarse a leer los papelitos pegados a la pared y el techo. O sencillamente sentarse y estar. En ese ratito de experimentar con la máquina y el papel, de jugar a ser una escritora antigua, de animarme a dejar mi huella en ese pequeño rincón de París, sentí que esa sed de escritura (de arte libre, de creatividad, de imaginar y no calcular) también se me pegoteaba en el corazón. 


Durante todo el viaje entré a muchas librerías más y me compré unos cuantos libros (mi valija lo sintió). Estos cuatro lugares representan la sensación que me atravesó todo el mes: la maravilla de descubrir (y confirmar) que leer es un tesoro de todos, que escribir es un regalo para todos. Que no importa dónde se esté en el mundo, contar una historia es siempre un momento especial, de magia, de comunión.

Mi viaje se terminó, pero me quedan los libros, las anécdotas y esta sed insaciable por escribir. Acá empiezo.


miércoles, 15 de junio de 2016

Cartoneros al espacio

Cartoneros al espacio, Hernán Galdames. SM, 2016.
Por su inteligencia, simpatía y voluntad para lograr lo que se propone, Talito no es un chico más. Rolo, su inseparable compañero, lo sigue en cada uno de sus temerarios planes. Un día, mientras recolectan cartones, encuentran un extraño objeto que llevará a los dos amigos a emprender una aventura a pie, en tren y hasta en avión, por caminos inesperados de la Tierra. ¿O aún más lejos? 
Esta novela ganó el último Premio El Barco de Vapor y, como siempre, fue una de las compras obligadas de la Feria del Libro, donde es más fácil y rápido conseguir las novelas premiadas.

La historia se centra en esos dos personajes, Rolo y Talito, y en el encuentro fortuito de un objeto que, de entrada, abre la posibilidad a una aventura que los saca de sus vidas habituales. A medida que se desarrolla y los personajes se van desplegando, hay varios temas que toman relevancia y se entrelazan con la trama más ligada a la aventura.

Como muchas de estas cuestiones me generaron curiosidad, me contacté con Hernán quien, muy amablemente, respondió algunas preguntas.

Por ejemplo, la familia es un tema central, especialmente si se considera al personaje de Talito, que adquiere aún más espesura hacia el final de la novela. Así que le pregunté a Hernán, ¿cómo fue adquiriendo este rol la familia en la novela?
Hernán Galdames: Si bien Rolo y Talito son chicos que no han nacido en el mejor medio posible y las costumbres de ese medio los empuja a andar bastante solos por la vida, ambos parecen tener una buena relación con sus familias. De todas formas ambos tienen ciertas carencias en este aspecto: Rolo no conoce a su padre y Talito pierde a su madre, lo que desmorona toda su estructura familiar y le hace perder algo tan importante como su relación con el padre. 
Hay cosas de la novela que ni yo mismo sé. Por ejemplo: al parecer Talito siempre creyó la versión inicial que le transmitió el padre respecto al tema del proyecto espacial. Pero, al final, ¿sigue pensando igual? No lo sé. Lo que es una pena, pienso, es que no sé si Talito se dio cuenta (dado su estado de entusiasmo) de que todo el accionar del padre (que él padeció y lo llevó al enojo) fue súper loable.
En cuanto a Rolo, a lo largo de toda la historia siempre está presente la madre como una figura de referencia y como un súper yo bastante fuerte que le causa cierto sentimiento de culpa y delirio de persecución. Tal vez ese súper yo lo hace más prudente y, dependiendo de como quiera mirarse, lo coarta en cierta forma en cuanto a sus deseos interiores. 
Me resulta mágico escuchar que hay cosas de las historias que ni los propios autores conocen (¡historias con vida propia y misterios aún sin resolver!). Es, además, muy interesante pensar que el vínculo con su mamá (o la figura materna en realidad) a Rolo le pesa tanto que luego tiene efecto concreto en el final de la historia.

Otra cuestión que me llamó la atención fue, justamente, el final. Me pareció osado y que abría una búsqueda interesante, porque yo esperaba otra cosa totalmente diferente. Así que le pregunté: ¿cómo encaraste el momento de escribir el desenlace de la historia? (¡y saqué todos los posibles spoilers de la respuesta!)
HG: Para mí, el final funciona como metáfora referida a qué les espera a estos chicos: son muchos los factores que los expulsan de este mundo. Rolo buscó refugio en la escuela y tal vez esto lo salvó. Por eso en el epílogo podemos leer ciertas cosas que nos regresan al tema de la familia.
Finalmente, un elemento que brilla en la novela es la voz de cada uno de los personajes. Sus expresiones, sus estilos, las palabras que usan, todo es verosímil, cercano y muy llevadero. Por lo tanto, mi siguiente pregunta fue: ¿Cómo te resultó buscar sus voces y pensar los personajes, más aún considerando el contexto en el que viven?
HG: Fue lo que más me divirtió al escribir la novela. No podían hablar como chicos de clase media, pero tampoco podía ser fiel al habla villera, porque hubiese sido muy denso. Me di cuenta de que tenía que dotarlos de un argot propio, algo callejero pero también algo lírico. Fueron varias leídas en las que fui cambiando esta palabra, luego otra y otra. Dependía de que en el momento se me ocurriese una palabra que se ajustara al sistema, que fuera divertida y que sonara bien y diera la pauta de a qué se refería. Fue súper interesante.
Cartoneros al espacio es una novela de ciencia ficción cercana. Esto no lo escribo pensando en los temas de ciencia que toca; por el contrario, es cercana porque sus protagonistas son sencillos y cercanos, listos para la aventura y para dejarse maravillar por las sorpresas del viaje que emprenden. Hay algo de esa maravilla que tiñe todo el relato y carga de trascendencia la búsqueda de respuestas. Así esta búsqueda se vuelve un período crucial en la vida de los personajes, de descubrimiento del universo (y sus secretos) y, más aún, de descubrimiento de ellos mismos y de sus historias.

Ágil y fuertemente sostenida por las voces de los personajes, la novela entretiene y, al mismo tiempo, narra sufrimientos, carencias, entusiasmo, pasión y mucha aventura.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Arcilla

Arcilla, David Almond. Ediciones Castillo, 2010.
Un chico extraño ha llegado al pueblo de Davie. Su nombre es Stephen Rose y se rumorea que fue expulsado del seminario. En un inicio, Davie sólo ve un chico pálido y maloliente, pero pronto descubre que Stephen tiene un talento extraordinario para modelar figuras de barro. Stephen convence a Davie de que ambos tienen el poder de darles vida y juntos crean a Arcilla, un ser de barro dispuesto a seguir sus órdenes...
El glorioso -vayamos con ese adjetivo que le agrega espesura al asunto- regreso de las reseñas se inicia con esta rareza de David Almond, Arcilla. Nunca había escuchado hablar de él, me la prestaron sin demasiados anuncios y opté por no leer la sinopsis (en perspectiva, creo que eso vino muy bien).

Es una lectura vertiginosa: capítulos breves y centrados en el avance de la acción, y una trama que tiene como eje central una pregunta abismal sobre el bien y el mal. No hay demasiadas respuestas, de hecho creo que Almond entiende que, en realidad, no tiene que preocuparse por responder nada. Parte del horror que comienza a desenvolverse tiene que ver con eso, con incógnitas abstractas y universales (sobre Dios, el demonio, la presencia del mal en la tierra, la existencia del paraíso, etc.) que no se pueden responder porque, básicamente, los personajes (y nosotros) son/somos humanos.

La escritura seca y al punto deja que el malestar de los personajes y la extrañeza de sus acciones se transformen en el carozo del asunto. No importan demasiado las descripciones, importa cómo se siente Davie, el protagonista, y qué percibe sobre todo lo que va sucediendo.

La fuerza de la novela radica en esta presencia constante y silenciosa de lo ominoso, que le respira en la nuca a los personajes y, por consiguiente, también a los lectores, gestando un clima de horror mudo que se hace difícil de tolerar (y que obliga a leer rápido, para ver qué pasa, para desarmar ese malestar). 

Eso es lo que me llevo, con lo que me quedo, de Arcilla: una sensación (que, si lo pienso bien, es todo lo que espero que una novela me haga experimentar).



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