miércoles, 18 de febrero de 2015

Algo que domina el mundo

Algo que domina el mundo, Franco Vaccarini, 2009. Editorial Norma.
La puerta se abrió y enseguida llegó el golpe y el tirón de pelos.Y una patada que me empujó al piso. Sangre en la nariz y Vilma que comenzó a gritar, a defenderme como una fiera.Y que algo recibió, también. No sé dónde estaba mamá, pero estaba lejos, petrificada. Desde esa noche, mamá no pudo dormir en paz nunca más.
Cosas que uno se entera más tarde.
Doy inicio al regreso del blog a las reseñas con este libro, un libro con una sinopsis misteriosa y completamente extraña, que, la verdad, no dice nada. Pero me lo prestaron y me habían dicho que era muy bueno.

Gente que sabe recomendar libros. Este libro fue un espectáculo.

Lo empecé a leer en un viaje en micro hacia la costa. Era de noche, apagaron las luces pronto. Un señor roncaba bajito, una pareja miraba una película en el celular. Yo pensé que iba a leer unas hojas y dejar el resto para la playa. Pero el libro me abrazó de tal forma que tuve que obligarme a apagar la luz cuando los ronquidos se hicieron insoportables y me di cuenta de que era muy tarde.

Algo que domina el mundo es una novela rara. Y rara en el mejor y más maravilloso de los sentidos. Narra la historia de Rodolfo, un adolescente en plena adolescencia que se comporta como un verdadero adolescente. ¿Cuántas veces dije la palabra adolescencia? NO LO SUFICIENTE.

Porque es eso lo que hizo que la novela fuese mágica: retrata de forma muy interesante cómo es vivir la juventud en medio de circunstancias complicadas. Y cómo se lidia con las preguntas sin respuesta, las familias rotas, las familias nuevas, el amor, el dolor y la tristeza, el arte de reírse, de aprender cosas nuevas, de animarse, de soltar.

La prosa es deliciosa y está llena de frases y expresiones sencillas y profundas. Me la pasé subrayando oraciones y marcando párrafos enteros. Por ejemplo:
"Soy re-superficial, gracias a eso no estoy con la nariz pegada a un solo tema; puedo ver más, aunque, claro, desde arriba, desde abajo, desde afuera; nunca desde adentro. Porque al elegir la superficialidad, elijo quedarme afuera de muchas cosas, yo qué sé. Me parece"
Este tipo de frases marcan toda la novela. Reflexiones sobre lo que se es, lo que se sabe, lo que se sueña, lo que se siente, lo que se va viviendo, las nuevas experiencias, y después palabras y más palabras que dan vueltas, se oponen a lo que se dijo, lo mezclan, lo confunden, lo reafirman.

Fue una lectura de un tirón, y me hizo recordar mucho a mis alumnos adolescentes-perdidos-en-el-tiempo-y-el-espacio-de-la-adolescencia. Me quedo con unas ganas enormes de leerlo en clase con ellos.

No puedo explicarlo mucho más, este libro es todo lo que me gusta de la literatura juvenil local y más también.

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