miércoles, 31 de diciembre de 2014

Lo mejor del 2014

Se va otro año y puedo decir con alegría que esta vez sí alcancé el desafío de Goodreads:


Ochenta y tres libros, no está nada mal.


Y mirando esos ochenta y tres libros viene el balance: ¿Cuáles fueron las mejores lecturas de este año? Acá, una lista con los cinco libros que, en mi opinión, merecieron reseña con cinco estrellas:

1. Reflections, on the magic of writing, de Diana Wynne Jones
No lo reseñé todavía (¿podré hacerlo algún día? Es la maldición de los libros excelentes, ¡¿cómo se reseñan y cómo se les hace justicia?!), pero hay un post dando vueltas con algunas ideas inspiradas por este y otros libros similares. Leer este libro fue como volver a abrir los ojos. Fue descubrir una amiga en Diana. Las anécdotas que cuenta son espectaculares y muy sencillas, y la mirada que ofrece sobre cómo escribir es tan cruda y real que dan ganas de ponerse a escribir. Además, tiene unas ideas geniales y graciosas sobre el género fantástico.

2. Maus I y II, de Art Spiegelman
Jamás había escuchado hablar de este/estos libro/s y tampoco tengo mucha experiencia en novelas gráficas, pero una amiga apareció un día totalmente fascinada (y con anécdotas graciosas de sus viajes en colectivo con este libro en mano, que en la portada tiene una esvástica enorme, atravesando justo el barrio judío) y me los prestó. Me voló la cabeza. No sólo la historia que se narra es como un nervio expuesto, sin delicadezas, y cruda; todo el horror nazi y el horror posterior a la guerra, que invade la vida de los sobrevivientes pero también de sus hijos, sino que además los dibujos que la acompañan (y que a veces dicen más que las palabras) son magníficos. Y esto ya se hace obvio cuando se comienza la lectura y se descubre que cada grupo humano es representado por un animal diferente.

3. The girl with all the gifts, de M. R. Carey
Este sí logré reseñarlo. Y no sé si me animo a agregar algo más. Esta historia es como una piña en la panza, que deja sin aire y recién lo devuelve después de un tiempo, cuando ya es hora de apreciar el libro en todo su esplendor.

4. El castillo ambulante (y el resto de la saga también), de Diana Wynne Jones
¡Parece que este fue el año de Diana! Hubiese leído más de ella, pero es casi imposible conseguir sus libros. Esta saga también logró hacerse un lugar en el blog y creo que la reseña explica bastante porqué me encantó. Diana presenta un uso original y desviado de la magia en Howl y sus compañeros que nunca deja de tener sentido y que no necesita de reglas ni estructuras para funcionar. Además tiene un estilo muy sutil y muy gracioso.

5. On writing: a memoir of the craft, de Stephen King
Este año también fue el año de la escritura. De nuevo, este libro aparece mencionado (e inspira) este post. Definitivamente hay algo muy tentador en leer el detrás de escena de los grandes escritores. Y Stephen King relata cosas semejantes a las que describe Diana (con menos optimismo y alegría, en algunos casos): escribir es entregar todo, dar el tiempo, la creatividad, el espacio mental. Pero, por sobre todo, es hacer lo que se ama.

Y como extra, un libro que no alcanzó las cinco estrellas exactas por muy poco pero que me sorprendió más de lo que esperaba (y que encima fue lectura de la facultad):

Pedro Páramo, de Juan Rulfo
Le tenía miedo porque me habían dicho que era difícil, que no se entendía, que qué sé yo cuántas otras cosas. Y encima es finito, a simple vista da a entender que es uno de esos libros inexpugnables. Pero me encontré con una historia actual, con un nuevo nivel de realismo mágico (que nadie me escuche decir esto porque Rulfo NO es un autor de realismo mágico, perdón profe) que levantaba huesos de los muertos y hacía llover. Me divertí mucho analizándolo y, finalmente, escribí una monografía sobre el colapso de las certezas en esta novela con la que estoy bastante contenta. Y vuelvo a recomendar este artículo de Jean Franco, "El viaje al país de los muertos", para acompañar esta novela tan tétrica y hermosa.



Fue un año divertido, con libros que sorprendieron y otros que fueron grandes hallazgos. Espero el año que viene completar nuevamente el desafío de Goodreads pero, y sobre todo, tener la oportunidad de leer algunos cuentos o novelas que me descoloquen por completo y me enamoren.

¡Ojalá que el 2015 traiga lecturas maravillosas! Gracias por la compañía (¡y todos los comentarios, acá y en facebook!) de este año.





viernes, 26 de diciembre de 2014

Heredera de fuego

Heredera de fuego (Trono de cristal, #3), Sarah J. Mass, 2014. Bloomsbury USA Children's.
Perdida y rota, lo único que pueden pensar Celaena es en vengar la muerte de su amiga más querida; como la asesina oficial del rey de Adarlan está condenada a servir a ese tirano, pero él ya va a pagar por lo que hizo. Cualquier esperanza que Celaena tenga de destruir al rey reside en las respuestas que se encuentran en Wendlyn.
Sacrificando su futuro, Chaol, el capitán de la guardia del rey, ha enviado a Celaena allí para protegerla, pero los demonios más oscuros de la asesina habitan en el mismo lugar. Si ella logra superarlos, se convertirá en la amenaza más grande para Adarlan, y en su enemigo más fuerte.
Mientras Celaena aprende sobre su verdadero destino, los ojos de Erilea están en Wendlyn, donde una fuerza brutal se prepara para tomar los cielos. ¿Encontrará Celaena la fuerza no sólo para ganar sus batallas interiores sino también para luchar una guerra que enfrentará sus lealtades y vínculos?
Empecé a leer esta saga hace un montón, y nunca reseñé el segundo libro porque siempre se puede ser un desastre. Así que con esta breve reseña recapitularé lo (poco) que recuerdo del segundo libro, para aliviar la culpa.

El primer libro (de este sí existe una reseña) presentaba una historia lineal, con tópicos comunes que, de pronto, en los últimos dos o tres capítulos, se daban vuelta por completo. Lo que parecía una historia básica de una aventura en la corte se vuelve el anuncio de una historia de origen de una gran heroína. Así, con esa vuelta de tuerca, el segundo libro comienza juntando los cabos que habían quedado apenas anunciados.

El segundo libro se transforma en la historia de la deconstrucción de la protagonista, Celaena. Se descubre más de su pasado, se revela un destino prometedor y todo se cae a pedazos cuando una serie de eventos brutales deja a Celaena emocionalmente arruinada.

Y acá entramos en el tercer libro, donde todo, una vez más, se da vuelta y, ¡qué bien que le sale a la autora! Porque desde un principio toma opciones osadas: separa a los protagonistas y los manda a las dos puntas más extremas del mundo, habilitando entonces una historia enorme y con múltiples puntos de vista (¡que nunca cansan!); introduce a un nuevo personaje de otra raza, con otras aspiraciones y lo mezcla en la tramoya política que se está develando; establece unos flashbacks pesados que levantan la historia y la hacen más épica... La lista podría continuar.

Sarah J. Mass tiene un don muy raro en medio de tanta literatura juvenil en inglés: puede tomar los estereotipos de las historias fantásticas y retorcerlos un poco más para que traigan un aire nuevo en medio de tanto vicio literario.

La historia se vuelve grande, el anuncio de una revolución y una nueva era, el inicio del cumplimiento de un destino,wow).
y a este libro le toca narrar uno de los momentos más difíciles de lograr: el momento en que el protagonista asume quién es, supera los límites interiores impuestos o autoimpuestos y se lanza con todo a reclamar su lugar en el mundo. Sarah J. Mass lo hace bien, con profundidad, con emoción cruda y aprovechando para seguir construyendo un personaje muy multifacético (y seguir sumando personajes con nombres raros,

Realmente todavía no sé si esta saga se me volvió la lectura culposa/placentera de este año u objetivamente Sarah J. Mass está logrando una saga fuerte, original y muy, muy atrapante. Quizás un poco de ambas.



viernes, 19 de diciembre de 2014

Reflexiones sobre un (medio) año más de taller

El año pasado tomé una gran decisión: opté por pasar de las monografías que me pedía la facultad a la escritura de algo que me resultara un poquitito más interesante. Y navegando por facebook encontré la oportunidad perfecta: Eduardo Abel Giménez ofrecía la posibilidad de empezar a mitad de año en su taller literario.

Era joven e inocente y me atemorizó la idea de que Eduardo fuese un gran escritor, sabio y conocedor de las palabras y yo, una pobre novata.

Pero el taller fue de todo (tardes enteras leyendo, opinando, compartiendo, comentando escritores, géneros, errores, tomando té, comiendo cosas caseras, riéndonos de los "su", "mi" y los adjetivos antes de los sustantivos) menos el pánico que yo esperaba. y no sé porqué no me animé a escribir una "reseña" de mi tiempo ahí. Quizás por vergüenza, vergüenza de hablar de algo tan personal como la escritura (¡la vergüenza será mi perdición!). Perdón, Eduardo. Fue maravilloso y la nada que llevé esa primera tarde se convirtió en una primera experiencia con la escritura fuera del ámbito académico muy cercana, adictiva y graciosa.

Pero este año, por motivos académicos (es decir, monografías que pedían a gritos atención y tiempo de escritura, oh, la ironía de la vida), no pude seguir. Pero, nuevamente, a mitad de año me harté de la nada y busqué ayuda, un poquito más cerca de casa.

Así me llegó otra oportunidad: Verónica Sukaczer (¡otra gran escritora, nuevos nervios!) también abría las puertas a su taller literario. Me mandé.

Y ayer tuvimos la última clase del año y además de leer, escribir, comer garrapiñadas y brindar con coca, hicimos un balance del año. Medio año, en mi caso.

Lo dije, lo repito y lo cuento: 

Escribir siempre me había parecido un trabajo de dioses. Era sólo para los elegidos, los iluminados por el cosmos de la inspiración, los poseedores de los secretos de las letras. Siempre fue una pintura que se podía apreciar y admirar, pero también siempre una pregunta inabarcable: ¡¿Y cómo hacen para hacer esto?! 

Durante mucho tiempo la respuesta fue: "Es imposible"

Pero ayer el balance del año me llevó a decir, y agradecer, otra respuesta: es posible. Este año terminé de entender que se puede escribir y que escribir es ¡tan difícil! ¡Y tan lindo! Es armar un rompecabezas del que un día se tiene una primera imagen pero que nunca se consigue ver entero hasta no lograr hacer encastrar todas las piezas.

Lleva tiempo, cuesta y da ganas de arrancarse los pelos. Todo lo que siempre dijeron esos autores que escriben sobre escribir. Pero esta vez lo vi de cerca, lo experimenté corrigiendo una y otra y otra vez un mismo cuento. Y lo creí y lo acepté.

Este año aprendí a ver las costuras, las articulaciones, los secretos detrás del truco de magia que no simplifican el arte de sentarse a escribir, pero que echan luz sobre cómo animarse a hacerlo.

De nuevo me llevo muchas herramientas, ideas sueltas, anécdotas que podrían crecer y papeles escritos hasta en los márgenes.

Gracias Eduardo por la primera semilla. Gracias Verónica por los primeros cuidados (y recortes y mates y "¿esto para qué sirve?" y "¿esto es necesario?" y "esto está muy bueno"). Espero el año que viene poder hacer un balance de un año entero, agregando que la pila de papeles escritos supera la de las páginas en blanco.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cinco libros que marcaron mi infancia

Mientras leo y preparo y organizo (con una lentitud asombrosa, como siempre) las próximas reseñas que quiero publicar, y en vistas de que se viene Navidad y la nostalgia está a flor de piel, se me ocurrió concretar un post que venía pensando desde hace tiempo:

¿Qué pasa si me pregunto qué cinco libros que haya leído durante mi infancia me marcaron?

Me echo al piso a llorar porque de primeras me parece imposible. ¡¿Sólo cinco?! ¿Y a qué se refiere con "marcar"?

Pero después me di cuenta de que algunos libros se habían quedado dando vueltas más tiempo que otros (y que quizás eso era "marcar": haberse ganado un lugar en el corazón y en la memoria) y me pareció que esto podía ser una gran aventura.

Empecé a leer cuando era muy chica y mirar para atrás revela una lista infinita de títulos de libros. Así que me voy a limitar: ¿qué libros marcaron mis años de primaria, de primero a séptimo? Las respuestas son muy variadas y las voy a enumerar a partir de lo que recuerdo hoy, que tengo 24 años, qué me generaron estos libros cuando los leí.

1. Más chiquito que una arveja, más grande que una ballena, Graciela Montes
El primer libro oficial que recuerdo haber leído en mi vida. Era la "bibliografía obligatoria" de primer grado (¡para todo el año!). Una mañana mamá me pasó a buscar por el colegio y cuando salí, me dio el libro. "Esto es lo que van a leer con la seño", aclaró. Y nos subimos al colectivo, que iba desde Flores hasta Floresta (o sea, un suspiro) y yo, parada, porque no había donde sentarse, me leí el libro entero. Entero. "Me gustó, ma, ¿qué más hay para leer?". Y creo que ahí mamá se dio cuenta de que iba a tener que empezar a rellenar la biblioteca con libros para una nueva lectora.

2. Marisa que borra, Canela
Ay, no sabía que era de Canela, me acabo de enterar. Este libro lo compró mamá en una feria del libro del cole (dato importante dentro de esta sección: mi colegio organizaba una feria del libro en el salón de actos; invitaba editoriales de libros infantiles y por toda una gloriosa semana el salón de actos se llenaba de stands con libros, muñecos y muchas páginas por revisar). Qué extraño y qué emocionante: Marisa borraba las cosas que no le gustaban y atravesaba la ciudad dejando una huella muy particular. Me encontré con una versión nueva, divertida y muy cercana de algo que en ese momento decidí que era una bruja.


3. Socorro diez, Elsa Bornemann
Algunos de estos cuentos los leí con una amiga, otros, sola. Sólo me acuerdo que fue la primera vez que sentí miedo, miedo puro y real, leyendo un libro, objeto que no debería tener la posibilidad de generar semejante cosa. Ahí, creo que a los 11 años, me di cuenta que leer libros no era chiste. Los libros hacían cosas. Y mi teoría se confirmó cuando llegué al último cuento, "Socorro diez", y conocí el horror. Todavía hoy recuerdo con escalofríos lo mal que me sentí (y lo bien que la pasé: ¡un libro me estaba dando un miedo paranoico impresionante!).

4. Los hijos del vidriero, María Gripe
Creo que este fue un regalo. De Navidad, de cumpleaños. Pero lo recuerdo adentro de mi casa, nunca en la escuela. Y me pasó hace muy poco que mamá quiso hacer limpieza profunda y trató de regalar este libro y yo le salté al cuello como un animal herido. "¡No, ese no que me encanta!". Pero ese "me encanta" venía de muchos años antes. Este libro abrió otra posibilidad: ¿y si una historia te hace sentir lejos, triste, melancólico? Quizás fueron las descripciones hermosas del arte de moldear vidrios, los nombres extraños de sus personajes, la bruja y su cuervo merodeando en la feria, todavía no lo sé. Pero esta novela le hizo lugar a otra dimensión porque descubrí que la lectura también podía hacerme extrañar lugares y gente que todavía no conocía.

5. Frin, Luis M. Pescetti
Este libro fue una aventura. Como no teníamos plata ni podíamos pedirles a mamá y papá, con una amiga, en sexto grado, empezamos a leer Frin en el primer recreo del lunes de la semana de la feria del libro en el cole. Religiosamente bajamos todos los recreos de toda la semana para leer juntas esta novela. Recuerdo que cada vez que tocaba el timbre nos mirábamos con complicidad, dejábamos el libro casi intacto en el stand, subíamos al aula y yo anotaba en una hoja en que página nos habíamos quedado. Así, en una semana, en recreos de diez y quince minutos, nos leímos la novela entera.
Yo ya era más grande y ya sabía, o empezaba a sospechar, que la literatura me podía hacer moños en el corazón. Y Frin me trajo la primera historia de amor de verdad, entre chicos, sencilla, en medio de la vida y de las cosas comunes que le pasan a cualquiera, y algo de todo eso se me quedó adentro. Frin y Alma se me quedaron adentro.


Ahora tengo unas ganas terribles de releer todos estos libros que no creo que pueda resistir. Y también de releer todos esos otros que se me fueron ocurriendo pero que no pude incluir en esta lista (quizás otro día llegue otra).

Ojalá hayan leído alguno, ojalá se animen a leerlos. Si después de tantos años estos libros siguen despertándome emociones tan viscerales es porque merecen un lugar en la biblioteca de todos los niños-jóvenes-adultos-señoras-señores-brujas.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Diez en un barco

Diez en un barco, Liliana Bodoc, Paula Bombara, Diana Briones, Laura Escudero, Mariana Furiasse, Florencia Gattari, Norma Huidobro, Sandra Siemens, Franco Vaccarini, Sebastián Vargas; 2014. Ediciones SM.
Leer puede ser un modo de afrontar el mundo, de atravesar distancias, de descifrar mensajes ocultos en las olas. Escribir puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, entre el amor y la soledad, entre la comprensión y la desgracia, la última frontera contra el olvido o la injusticia. En este libro, el lector navegará por mares calmos y tempestuosos en donde los textos conversan, con diferentes voces, sobre un mismo tema: la lectura y la escritura.
Esta antología reúne cuentos escritos por los diez primeros ganadores del premio El Barco de Vapor de acá, de Argentina, y todas las historias tienen como hilo conductor estos dos temas, la lectura y la escritura. Los autores son variados, todos tientan, y a mí siempre me resulta maravillosa la posibilidad de leer cuentos (de los buenos, más todavía si son para un público joven). Así que Diez en un barco resultó ser una compra obvia.

Y mejor aún, resultó ser una lectura hermosa.

Estos cuentos (de los que no quiero adelantar demasiado, porque algo de la magia de los cuentos está en leerlos sin saber de qué tratan) toman como eje, algunos más, otros menos, el tema de la escritura y la lectura, pero lo que resulta fantástico es que se animan a hablar de los efectos que pueden tener, de todo lo que puede construir la palabra, de los caminos que abre, de las emociones que dispara.

Así que puedo hablar de qué me dijeron a mí, sin decir nada de lo que cuentan, para ver si eso anima a otros a encontrarse con estas historias.

En "Hilaria suspendida" me encontré con palabras que sirven de escudo para defenderse del mundo, de todo lo que supera, excede y da miedo, y con otras más suaves, que vienen a romper la coraza y cantar al oído. En "Piedritas del río" las palabras pisaban con fuerza, construían miradas del mundo y, al mismo tiempo, personas y amistades. Todo el último fragmento de este cuento me resultó cercano, lleno de añoranza y ganas de vivir, porque estuvo todo cruzado por unas ganas de terribles de animarse a decir algo sobre la vida, de escribir qué le dice el mundo a uno.

Otros cuentos tenían palabras que dibujaban misterios (muy distintos, muy oscuros, muy divertidos), como "Carta a Joaquín, diez años después" o "El señor quería morir". Y "La mentirosa" arrastró al misterio un paso más allá y abrió preguntas con respuestas incómodas: ¿Las palabras mienten? ¿Las historias que arman las palabras son verdades o mentiras? ¿Quién se anima a creerlas? ¿Quién no?

Y "La oportunidad de Emma", "Futuro" y "En el asiento de tu silla..." presentaron palabras que pesan y transforman la vida. Cartas que definen un rescate, premoniciones que cambian el cuerpo pero sobre todo las ideas, palabras que se enroscan y parecen no tener ni pies ni cabeza, hasta que se entienden, como por arte de magia.

"El último viernes" me estrujó el corazón y me lo ensanchó, todo al mismo tiempo. En este cuento la lectura es un camino, es el camino, y es la salida de la tristeza y la entrada a nuevas posibilidades y nuevas amistades. De forma semejante (en el estrujamiento y ensanchamiento de corazones, digo), "Escrito en las olas" le da a la lectura un lugar importante en la ciencia pero, sobre todo, hace que sea como acariciar a alguien: es la vía de contacto, es la forma de conocer a otro y de entenderlo.

Me parece que no estoy alcanzando a decir todo lo que quisiera. Hay algo en la forma en que estos cuentos proponen que tanto la lectura como la escritura son caminos, formas de abrir el corazón y la cabeza a cosas nuevas, a sensaciones nuevas que sólo se entiende cuando se lee. Y cuando uno se anima a que la palabra entre y haga lo que quiera. Como en un barco, estos cuentos son un ir y venir agradable en el arte de la palabra.

Me gustaría poner este libro en algún estante alto para reencontrarlo en un par de años y leerlo de vuelta. Para ver si las palabras se dan vuelta y me dicen algo nuevo. Porque este libro tiene la fuerza que sólo viene de aquellos que alguna vez se encontraron con la lectura y se dejaron transformar algo adentro para después salir corriendo a escribirlo.


(Y con mi hermana, antes de leerlo, nos divertimos adivinando quién era quién en la portada, porque esa ilustración roba los ojos)

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Vuelta al sur

Vuelta al sur, Mario Méndez, 2013. Edelvives.
Pablo es de la Patagonia, pero fue a Buenos Aires a estudiar y a trabajar. Sin embargo, las cosas no le resultaron bien y antes de volverse, decide buscar algo más: a su abuela. Una vieja historia familiar la separó hace años de sus hijos y por lo tanto Pablo solo escuchó algunas cosas de ella, pero nunca la conoció. Y está decidido a no volver al sur sin escuchar la otra versión de la historia. Y tal vez, hasta llevarla también a ella de regreso.
Este libro está dando vueltas en casa desde la feria, cuando lo encontramos en el puesto de Edelvives (tan pintoresco y tentador como siempre) y mi hermana decidió comprarlo. Ahora lo reencontré y me lancé a la lectura.

Vuelta al sur es la historia de un regreso. Es el regreso al sur, sí, pero es también el regreso de la narración, las idas y vueltas, los viajes de la palabra y, sobre todo, de las historias y anécdotas que se cuentan en las familias y entre amigos.

No sé qué idea me había hecho de esta historia, pero imaginé que sería más infantil. Encontrarme con un protagonista de 23, perdido en la vida, confundido con lo que quiere y ahogado por una profunda sensación de fracaso amplió el horizonte. Y fue también una de las cosas que más me resonó porque este protagonista, en medio de la incertidumbre, de las dificultades del inicio de la adultez intensificadas por el abandono de la ciudad de origen, se embarca en un viaje que cree que dignificará su vuelta fracasada a casa pero que termina convirtiéndose en mucho más que eso. Su viaje lo lleva a remover y reconstruir.

Y la novela, a partir de una revisión del pasado y de la pregunta por las voces y miradas que lo construyen, lleva a una resignificación del presente y de la mirada que, en este caso, tiene Pablo sobre lo que vivió, lo que está viviendo, lo que espera (o no) de la vida. Es significativo cruzarse con pequeños pasajes donde él hace algún comentario sobre la porquería (vamos a hacerlo bien exagerado) que es su vida y su abuela contesta con algo semejante a "¡Seguro que no fue tan malo! ¡Qué decís, si seguro sos muy bueno en eso! ¡Tenés toda la vida por delante!".

Removiendo y rebuscando miradas sobre el pasado, a Pablo se le empiezan a abrir nuevos caminos (y, por supuesto) nuevas miradas sobre el presente. Lo que había comenzado como un último manotazo de ahogado se convierte en el camino para empezar de otra vez, para volver a poner las cosas en marcha (de forma literal en el auto que se mueve hacia el sur, y de forma metafórica, cuando Pablo pasa de nuevo por Mar del Plata y se despiertan amistades) y recomenzar una vida que había quedado medio adormecida.

Vuelta al sur es un libro que encierra mucho más que la historia de un viaje y que muestra que en el animarse a dar un paso (e incluso en el animarse a mirar el pasado con otros ojos), las cosas que parecían estancadas (la vocación, los vínculos, los anhelos y los sueños) vuelven a cobrar vida.



sábado, 11 de octubre de 2014

La sangre del Olimpo

The blood of Olympus (Héroes del Olimpo, #5), Rick Riordan, 2014. Disney-Hyperion.

A pesar de que la tripulación griega y romana a bordo del Argo II ha hecho un gran progreso a lo largo de sus aventuras, todavía parecen estar lejos de lograr derrotar a la madre tierra, Gaia. Sus gigantes se ha despertado -todos- y son más poderosos que nunca. Deben ser detenidos antes de la fecha en la que Gaia planea sacrificar a dos semidioses en Atenas. Ella necesita su sangre - la sangre del Olimpo - para poder despertar. 
Los semidioses tienen cada vez más visiones sobre una batalla terrible en el Campamento Mestizo. La legión romana del Campamento Júpiter, conducida por Octavian, está casi a un tiro de ballesta. Y si bien es tentador llevar el Partenón de Atenea a Atenas para usar como arma secreta, los amigos saben que la inmensa estatua debe estar en Long Island, donde podría detener la guerra entre los dos campamentos. 
El Partenón de Atenea irá al oeste; el Argo II, al este. Los dioses, que todavía sufren un desorden de personalidades múltiples, están incapacitados. ¿Cómo podrá un grupo de semidioses jóvenes sobrevivir al ejército de gigantes de Gaia? Aunque sea peligroso ir a Atenas, no tienen otra opción. Ya han sacrificado demasiado. Y si Gaia despierta, entonces el juego habrá terminado.

¡Llegó! ¡El último libro! Después de años de leer aventuras sobre Percy, llegó la última posibilidad de verlo en acción. Por supuesto que entonces hay una miríada de sentimientos encontrados y ganas simultáneas de llorar y alegrarse. Voy a tratar de hacer esta reseña lo más clara posible.

Dicho esto, me parece necesario recapitular que la saga Héroes del Olimpo viene preparando un terreno épico, de magnitudes inmensas y con desafíos enormes (muchos protagonistas, con intenciones de contar todas sus historias de origen y dar cuenta de sus procesos de crecimiento; personajes que vienen arrastrando pasados conocidos de la saga previa, etc.). Las expectativas fueron alcanzando proporciones inalcanzables en los dos libros previos, La Marca de Atenea y La Casa de Hades. Y quizás es por eso, porque se volvieron inalcanzables, que este libro no llegó a ser el final que esperaba.

En la fórmula, La sangre del Olimpo funciona, cumple, conquista. Pero un libro que es parte de una saga que apela tanto a las emociones y las complejidades de los personajes, un libro que, además, es el último de una saga que empezó, quiérase o no, en El ladrón del rayo, no puede quedarse solamente en el cumplimiento de una fórmula.

El libro se sostiene en una estructura básica que venía perfilándose en las novelas anteriores: cambios organizados en los puntos de vista que dan cuenta de diversas mini aventuras donde dos o tres semidioses tienen la oportunidad de lucirse, debatir sobre sus problemas y avanzar un poco más en la definición final de sus personalidades. Los personajes se van alternando, todos son sometidos a pequeños desafíos que en ningún momento suponen un riesgo considerable y todos vuelven después al fondo del escenario. 

Repito, funciona, y es necesaria e inevitable dada la cantidad de personajes principales que se acumulan (Percy, Annabeth, Leo, Jason. Piper, Hazel, Frank, Reyna, Nico, ¡uf, un montón!, más un plus de personajes secundarios que también necesitan algunas expansiones en sus historias), pero hace que la novela, como total, pierda fuerza.

De esto se desprenden los puntos de vista elegidos para narrar la historia. 

Nuevamente, funcionan bien, porque son coherentes considerando las dos historias paralelas que Riordan necesita contar (algunos que vayan para Atenas, algunos que vayan para el Campamento Mestizo) y porque dan espacio a personajes que en las novelas anteriores habían quedado relegados al fondo (Jason, Piper, Reyna, Nico, Leo). Pero de esta forma no se deja volver a escuchar las voces de algunos personajes que venían con desarrollos importantes, personajes que en este libro quedaron como parte del elenco de fondo.

¡Y esto es comprensible, porque son personajes que en La Marca de Atenea y La Casa de Hades se habían robado el show! Pero, siendo este el último libro, el cierre de una historia que se viene escuchando hace años y que viene sumando piezas densas y complejas, da mucha pena no encontrarlos, no escucharlos de forma directa y no saber qué es lo que están sintiendo.

Y acá el gran problema, para mí, son Percy y Annabeth. Ellos son bien protagonistas no sólo de los libros anteriores sino de toda la saga anterior, entonces es lógico que en este libro se desplacen para darle lugar a los demás (en una serie con tantos, tantos personajes, donde interesa que todos se vuelvan protagonistas, no hay otra chance más que dejarlos de lado un rato). ¡Riordan lo sabe, Riordan lo dice!

Pero la realidad es que ambos alcanzaron un nivel de protagonismo tan estelar y nosotros (o, bueno, yo) lectores estamos tan acostumbrados a ellos, que resulta desconcertante, vacío, no poder escucharlos.

Es como dejar de hablar con un amigo con el que te llevabas muy bien y al que conocías mucho y de pronto ver que sube una foto a Facebook haciendo cosas de la que no podés ser del todo partícipe (bueno, no sé si está comparación es productiva, pero la sensación general es esa: pérdida).

Y por último, tengo que ser un poco crítica con el final y el desenlace de la historia.

El conflicto se viene construyendo desde hace muchos libros. La magnitud de la gravedad de lo que están haciendo y del lío que se les viene (Gaia, diosa primordial, Gaia la que propuso matar a Urano, Gaia la que planeó el primer asesinato en la historia de la humanidad, Gaia la diosa de toda la tierra, despertando) se profundizaba y se volvía cada vez más apocalíptico. Y este libro, en su fórmula maquínica correcta, no alcanza el nivel de locura que venía prometiendo.

La batalla final y el enfrenamiento épico no se vuelven épicos. La solución es rápida, los riesgos nunca son demasiados y, como siempre, quizás esta vez más que nunca, sabemos tácitamente que a nadie le va a pasar nada (aunque se nos venga diciendo lo contrario en toda la novela). Se pierde el factor Martin* de forma estrepitosa y la adrenalina cae como montaña rusa. El final es un mimo, una caricia que no viene a consolar nada, porque en ningún momento se perdió nada.

Lo que la novela mantiene inamovible es el tono jocoso y las interacciones desopilantes que, por lo general, incluyen a Percy. En ese sentido Riordan es fiel a su estilo y continua mezclando la mitología con cuestiones y expresiones bien contemporáneas.

Entonces, ¿es un libro entretenido? ¿Logra saciar la necesidad de saber qué pasa con estos personajes, cómo se cierran algunas historias muy abiertas, qué pasa después del apocalipsis que se viene anunciando hace tanto? Sí, por supuesto. La lectura es adictiva, como siempre; las ansias por saber qué pasa no se van nunca; el anhelo de escuchar qué piensan los personajes, qué dicen, cómo resuelven las cosas, se mantiene firme. El libro funciona, su fórmula tiene éxito. Pero, en mi opinión, un libro como este, que viene construyendo tanto durante tanto tiempo, no puede descansar sólo en una fórmula que permita cerrar de forma redonda las cosas que habían quedado abiertas.



Cerrada esta reseña (¡qué difícil reseñar esto, cuántas cosas para decir y con cuántas me quedo dando vueltas todavía!), una nota de color y de ánimos es que, al final del libro, se anuncia la nueva saga de Riordan:

"Magnus Chase siempre fue un niño con problemas. Desde la misteriosa muerte de su madre, él ha vivido solo en las calles de Boston, sobreviviendo gracias a su astucia y manteniéndose un paso adelante de la policía. Un día, un tío que nunca había conocido - y que su madre le había dicho que era peligroso - logra ubicarlo. Su tío le dice un secreto imposible: Magnus es el hijo de un dios nórdico. Los mitos vikingos son ciertos. Los dioses de Asgard se están preparando para la guerra. Trols, gigantes y monstruos aún peores se están despertando para el apocalipsis. Para prevenir el Ragnarok, Magnus debe buscar en los nueve mundos un arma que se perdió hace miles de años. Cuando un ataque de los gigantes de fuego lo obligue a elegir entre su propia seguridad y la vida de miles de inocentes, Magnus tomará una decisión fatal. A veces, la única forma de empezar una vida nueva es morir..."




¡Más dioses! ¡Más personajes! ¡CAOS!
No sé nada más que lo que propone la sinopsis, pero lo que puedo intuir (porque alguna pista sutil da La sangre del Olimpo y porque algo mencionó Riordan muy al pasar) es que Mangus Chase tiene algún tipo de vínculo con Annabeth Chase.
Odio ser tan predecible, pero eso es todo lo que necesito saber para anotarme en esta nueva locura.


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*Factor Martin: Inspirado en G.R.R. Martin y sus tragedias en Juego de Tronos, me parece que esto me puede funcionar como concepto aplicable a la literatura en general. Es el nivel (masivo o no) de inseguridad que genera un libro sobre la certeza que tienen los lectores de que los personajes van a sobrevivir y van a salir enteros de sus aventuras. Riordan, en este caso, lo mata.




miércoles, 24 de septiembre de 2014

Desafío imposible: diez libros que me hayan marcado

Los desafíos están de moda, y me llegó la invitación a uno que no me hace muy feliz. Fede, un amigo-enemigo en este caso, me pidió que listara los diez libros que me hayan marcado, de una forma u otra, a lo largo de mi vida.

Tremendo, ¿no?

¿Cómo se hace esto? ¿Cómo se eligen sólo diez? ¿Cómo hace un libro para "marcarte"?

Hay muchas incógnitas y el TOC se me dispara por todas partes, pero en un afán de hacer comunión y sumarme a la ola de desafíos, voy a tratar de nombrar diez libros, sin orden alguno, y explicar porqué creo que me "marcaron".


1. Harry Potter (sed libres para elegir el tomo; yo elijo todos), J.K. Rowling.
¡Sorpresa! Nadie se sorprende. De hecho, todo el mundo debe poner Harry Potter en su desafío. ¿Cómo no ponerlo? Para mí, fue conocer la obsesión, el deseo animal de conseguir un libro atrás del otro y devorarlo. Esta saga me prendió una chispa en la imaginación que encendió fuego todo e hizo desastres. Nada jamás me motivó tanto a leer como estos libros. Harry Potter entra en la lista porque me hizo conocer el verdadero placer visceral de la lectura.

2. The catcher in the rye, J.D. Salinger.
No puedo escribir el título de la traducción, así que perdonen. Un libro sobre nada que lo cuenta todo. Salinger logró tocar una fibra muy irracional y apasionada con Holden. Hubo algo en esas palabras que me sumergieron en la angustia existencial y en el vaivén carente de sentido de la vida. Lo entendí (es decir, entendí que no entendía nada) y me encantó. No sé, una profesora una vez me dijo que a Salinger lo odiás o sentís que escribe sólo para vos. Yo siento que dedicó su vida a escribirme libros.

3. Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.
Gabo (¿conté alguna vez que me puse a llorar el día que me enteré que se había muerto? Así viene esto) me dio a conocer el realismo mágico (¿no suena excelente ese nombre? Realismo mágico ¡¿Cómo la realidad puede ser mágica?! Este libro me explicó qué era eso) y desde entonces se abrió una puerta que no pude cerrar nunca. Cien años de soledad es una vida entera, una revisión completa de la humanidad y, sobre todo, una historia llena de emociones y encuentros que elevan la realidad a algo mejor.

4. Ensayo sobre la ceguera, José Saramago.
Cuando se murió Saramago, también lloré. Este libro me mostró que se puede hacer lo que se quiera con las palabras y que mientras tanto se puede contar una historia desesperante y brillante. Lo empecé y la vida me llevó a terminarlo casi el mismo día. La crudeza de lo que contaba se servía en bandeja de plata: palabras atadas unas a otra, en una sucesión vertiginosa, sin puntos ni comas, sin rayas de diálogo o respiros.

5. Los días del venado / la sombra / el fuego, Liliana Bodoc.
Esta saga me enseñó que se puede ser argentino y escribir fantasía de la buena. Descubrí que Bodoc tenía la capacidad de hilar palabras y hacerlas rezumar sabores y colores para que contaran la historia de pueblos extraños y en guerra. Fue caer en un hechizo y despertar con la convicción de que hacer esto acá es posible.

6. Matar a un ruiseñor, Harper Lee.
Hay algo perturbador y dulce sobre este libro. Quizás sea el punto de vista de la narración, una nena de seis años, logrado con una perfección absoluta. O tal vez sea que desde su inocencia somos testigos de algunos hechos atroces en ese pueblo. Capaz que sólo fue la figura misteriosa de Boo Radley, dando vueltas, originando leyendas y rompiendo estereotipos.

7. La ladrona de libros, Markus Zusak.
Nuevamente, otro libro que me enseñó que parte del arte de escribir es animarse a hacer cualquier cosa. La ladrona de libros tiene una narradora brillante y para nada convencional, y una estructura que no debería funcionar y que, sin embargo, es perfecta. Y encima hay que sumarle que la historia es terrible, cruel y profundamente inspiradora.

8. Buenos presagios, Neil Gaiman & Terry Pratchett.
A este libro no lo vi venir. A veces uno sabe que está a punto de leer algo que le va a cambiar la vida y se prepara. A mí este me dio un cachetazo y se abrió un lugar en esta lista solito. Buenos presagios me mostró que se podía narrar una historia larga y densa desde el más puro y ocurrente humor; que era posible que el eje de una historia fuese la risa y que todos los personajes podían optar por tomarse las cosas con humor sin que se perdiera la gravedad de lo narrado. Sólo Gaiman y Pratchett.

9. Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll / Peter Pan, J.M. Barrie.
No puedo evitarlo, como futura investigadora de estos libros, tengo que ubicarlos juntos. Es mi desafío, mi lista, hago lo que quiero. Estas novelas son rarezas, son para niños y tienen un subtexto profundamente escalofriante. Nada me gusta más que las novelas que me dejan una sensación de horror silenciado. Plus: protagonistas irreverentes.

10. Matadero cinco, Kurt Vonnegut.
Este libro también me reveló algo nuevo: cuando la historia que se quiere contar es demasiado dolorosa y angustiante, hay que meter en el medio aliens y viajes en el tiempo. De vuelta, la experimentación y los riesgos construyen una historia brillante que, de forma increíble, logra contar lo imposible, un hecho para el cual no alcanzan las palabras.


Runner-up:
Me quedaron afuera de la lista otros miles de libros. De hecho no voy a revisar la lista que hice porque seguro entro en crisis y quiero cambiar todo. Ya se me están ocurriendo títulos que deberían estar ahí arriba. Pero sí quisiera hacer una mención de honor a La guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, porque también me mostró cómo hacer humor disparatado del bueno. Y además es ciencia ficción pura.



Siento que me arranqué el corazón. Estoy agotada. Es como si te preguntaran cuál es tu hijo favorito (ni idea, no tengo hijos, pero quizás se sienta así). Espero haber alcanzado las expectativas de los anónimos que hayan inventado este cruel desafío.




domingo, 21 de septiembre de 2014

The girl with all the gifts

The girl with all the gifts, M. R. Carey, 2014. Orbit.
No todo don es una bendición.
Todas las mañanas, Melanie espera en su celda a que la vengan a buscar para ir a clase.
Cuando la buscan, el Sargento Parks le apunta con su arma todo el tiempo, mientras otros dos soldados la atan a una silla de ruedas. Ella cree que no la quieren. Ella bromea con que no los va a morder. Pero ninguno ríe.
Melanie es una niña muy especial.
Otra vez, un libro que me llevo tiempo procesar para poder reseñar. No lo conocía, no tenía idea de qué trataba, pero leí un par de reseñas y la curiosidad pudo más. Meses después, la historia todavía me persigue y me maravilla.

Este es uno de esos libros que conviene leer sabiendo lo menos posible. La sinopsis ya trabaja con eso: sugerir y presentar a la protagonista pero no dar datos certeros sobre qué es lo que realmente está pasando. Esto hace que escribir una reseña se complique un poco.

Qué es lo que sí puedo decir sobre este libro:

Tiene un trabajo muy detallado y elaborado en la narración. Las imágenes que presenta son fuertes y convincentes, con giros calculados y un control asombroso de la velocidad de la acción. Juega mucho con el misterio y presenta piezas de un rompecabezas que el lector va armando poco a poco, casi a la par de la protagonista.

Ese es otro elemento, la protagonista. Melanie tiene diez años, vive en una celda y no sabe porqué la atan a una silla de ruedas y la llevan a una clase con otros niños atados a sillas de ruedas. Tampoco sabe porqué su maestra favorita, Miss Justineau, se pone triste cuando ella habla sobre lo que quiere ser cuando sea grande. La novela logra poner en el centro a una protagonista en la que no se puede confiar (a nivel de la trama y a veces a nivel narrativo) y logra generar sentimientos ambivalentes sobre su verdadera condición. ¿Cómo puede haber tantas sombras y secretos alrededor de una nena de diez años? ¿Cómo puede ser que genere tanto miedo?

La novela, además, presenta una de las innovaciones más interesantes dentro de la literatura de ciencia ficción que leí en este último tiempo, porque basa el despliegue de un factor clave en la trama en un patógeno basado en un hongo que realmente existe (¡piel de gallina y pesadillas aseguradas!). Hay un trabajo muy meticuloso en la forma en que se despliega la ciencia y, al mismo tiempo, hay mucho cuidado en la forma en que se presentan estos temas: siempre se comprende qué está pasando y qué significan las referencias médicas y jamás se vuelve pesado. Todo un logro dada la magnitud de lo que se propone.

A esto se le suma un desarrollo muy interesante de personajes diversos y marcados por las circunstancias difíciles en las que viven, que despliegan vinculaciones reales y coherentes dentro de las situaciones que tienen que atravesar.

Y, como si fuera poco, The girl with all the gifts tiene uno de los MEJORES finales que leí en toda mi vida. Es coherente, es crudo y se corresponde a la perfección con el tono que toma el desarrollo de la historia. In-cre-í-ble.

Esta es, sin duda, una de las mejores novelas que leí en lo que va del año. The girl with all the gifts trae lo mejor de la ciencia ficción: una historia postapocalíptica muy realista y posible,
cargada de misterio y suspenso, una atmósfera espeluznante y alienada, personajes atípicos con historias y decisiones densas, una propuesta científica que retuerce los estereotipos trillados y un final que es una bomba.

Leanlo y disfruten (y sufran).


domingo, 14 de septiembre de 2014

Dioses griegos de Percy Jackson

Percy Jackson's greek gods, Rick Riordan, 2014. Disney Hyperion.

"Un editor de Nueva York me pidió que escribiera lo que sé de los dioses griegos y le dije, '¿Podemos hacer esto de forma anónima? Porque no necesito a los olímpicos enojados de nuevo'. Pero, si te ayuda a conocer a los dioses griegos y a sobrevivir un encuentro con alguno de ellos, entonces supongo que escribir todo esto será mi buena acción de la semana" 
Así comienza este libro, en el cual el hijo de Poseidón le agrega su propia magia - y comentarios sarcásticos - a los clásicos. Percy explica cómo fue creado el mundo, y luego les da a los lectores su mirada personal sobre quién es quién en el mundo de los dioses, desde Apolo hasta Zeus. Y Percy no se guarda nada: 'Si te gustan las películas de terror, baños de sangre, mentiras, robos, traiciones y canibalismo, entonces seguí leyendo, porque definitivamente esta fue la Edad de Oro para todo eso'.

Vamos a asumir que ese va a ser el título que le van a dar a este libro una vez que lo traduzcan. Por otro lado, vamos a ponerle un apodo y llamarlo Dioses griegos.

No sabía que este libro existía o iba a existir hasta dos días antes de su publicación. Estaba investigando el twitter de Riordan y vi el anuncio mega gigante de este libro: la historia de todos los dioses griegos (de los doce más importantes) narrada por Percy. ¿Qué podía ser mejor que una pasada por toda la historia del universo griego a través de los ojos de Percy?

Dioses griegos es exactamente eso, una revisión de la historia del mundo según la mitología griega (desde la creación de la tierra y el surgimiento de los cielos hasta el origen de los animales y la construcción de las ciudades griegas más famosas), que queda teñida por la voz de Percy. Y ese es quizás su encanto.

Una vez leída la saga de Percy (o, aunque sea, el primer libro), Percy queda instalado como un narrador con una voz muy particular y potente. Adolescente, desinteresado y a veces hasta confundido, Percy narra y describe lo que ve sin demasiada objetividad. Así es como en este libro él opina sobre el accionar de los dioses y da explicaciones graciosas y comprensibles sobre comportamientos bizarros (como comerse a los hijos, casarse con un hermano y gestar a un bebé en una pierna), comunes en los mitos griegos.

Percy llena las descripciones de los dioses con comportamientos modernos e interpreta actitudes de la antigüedad en clave de costumbres contemporáneas: "- ¡Boxers de G.I. Joe! -, gritó Apolo. - [...] Los dioses no podían parar de reírse. Pronto estaban rodando en el suelo, secándose las lágrimas y sacando fotos con sus teléfonos para postear en Tumblr".

Los dioses, entonces, tienen celulares, compran por internet y chusmean como adolescentes. Además, Percy entretiene y distrae (porque él mismo está distraído): "Él era también el dios del (respirá profundo) comercio, lenguajes, ladrones, hamburguesas con queso, engaños, oratoria, banquetes, hamburguesas con queso, hospitalidad, perros guardianes, augurios, gimnasia, competiciones atléticas, hamburguesas con queso, hamburguesas con queso y del decir la fortuna con dados. Okey, tiré lo de las hamburguesas con queso para ver si estabas prestando atención. Además, tengo hambre" (Hay muchas citas muy irreverentes, pero hago una selección casi aleatoria, para poder mostrar cuál es el tono).

Todos estos recursos que Riordan utiliza sin agotar acercan las vidas de los dioses griegos les dan un giro, porque transforman a los dioses en personajes con motivaciones y comportamientos más humanos.

En medio de todos estos mitos adaptados, Percy hace breves, brevísimos comentarios a sus encuentros con estos dioses y criaturas que sirven de referencias veladas a sus aventuras en las novelas. Estos comentarios se transforman en bisagras interesantes porque anuncian con sutileza que todo esto en realidad nos interesa porque Percy y sus amigos son parte de este mundo.

Riordan es astuto y presenta un libro útil para introducir a jóvenes lectores al complejo y revoltoso mundo de los dioses griegos (y lo hace con sumo respeto y con mucho cuidado profesional, porque jamás altera hechos de los mitos y, cuando el mito es demasiado opaco o tiene muchas versiones, él hace explícita la selección de alguna de estas versiones) desde una mirada juvenil y actual mientras se apropia de todas estas historias y este mundo y lo introduce a su propio mundo, el de Percy Jackson.







domingo, 7 de septiembre de 2014

Un mundo feliz

Brave New World, Aldous Huxley, 1998. Harper Perennial.
Lejos en el futuro, los Controladores del Mundo han creado la sociedad ideal. A través del uso inteligente de la ingeniería genética, los lavados de cerebro y drogas y sexo recreacional, todos sus miembros son consumidores felices. Bernard Marx parece ser el único que tiene una sensación extraña que lo hace anhelar ser libre. Una visita a una de las últimas Reservas de Salvajes, donde la vida antigua e imperfecta sobrevive, puede llegar a ser la cura de su inquietud...
Un mundo feliz era la pieza de la tríada distópica más famosa (junto con 1984 y Farenheit 451) que me faltaba leer. Me lo debía hace rato y por motivos ligados a la facultad, llegó el momento de leerlo.

La lectura fue un impacto espléndido. Con delicadeza, Huxley introduce al mundo nuevo y mejorado sin saturar. Todo es pura ciencia y puras alteraciones genéticas, y podría transformarse en una lección de química especulativa aburrida, pero Huxley sabe cómo mezclar la presentación de los personajes con las referencias a los funcionamientos de ese mundo hiper controlado, atrapando y convenciendo.

El tema central, el control de la sociedad y las masas por medio de drogas y manipulaciones genéticas, no resulta demasiado chocante e inmoral porque Huxley, con mucha astucia, pone la mirada en los efectos que este control tiene sobre los individuos: son felices, no sufren, pueden superar una tristeza con una siesta rápida, inducida por las drogas, y no conocen la decrepitud. 

Jamás una novela distópica me había vendido tan bien la distopía. ¿Es realmente una distopía? Esa pregunta late con intensidad en cada capítulo, porque los personajes son felices. Marx (y el juego con los apellidos de los personajes es genial), único ser humano con inquietudes y preguntas sobre su modo de vida, es el único que se anima a cuestionar todo porque cree que hay algo más.

Su periplo lleva al lector a presenciar una confrontación entre el modo de vida actual y el modo de vida que ha muerto: sin drogas, con nacimientos y desarrollos naturales, con madres y padres, con dolor y heridas que sangran. Y nuevamente el lector queda en una situación incómoda: a simple vista, la sociedad controlada parece ser mejor.

En medio de estos cuestionamientos filosóficos de base hay una escena excelente donde Marx discute con el jefe de la sociedad. Ahí, el personaje del jefe (que parece ser ¿un dios menor?, ¿un narrador de incógnito?) hace explícita la confusión: sí, este modo de vida es mejor, pero requiere sacrificios, sacrificios que se deben hacer para el bien más grande. Así mueren la poesía, el arte, la literatura, las pasiones... Pero así logra el hombre vivir sin angustias.

Un mundo feliz es una novela muy sólida, que reconoce su artificio y propone preguntas sin respuesta absoluta. Jamás una novela me había convencido de esta forma de la eficacia de una distopía, y, sobre todo, de su inevitable probabilidad. Merece, sin duda alguna, seguir ubicada en esa tríada de las mejores distopías.



domingo, 31 de agosto de 2014

Leer con otros

En medio de los libros que leo y las cosas que hago, no, que debería estar haciendo para la facultad, trabajo. Doy clases en un colegio secundario a adolescentes no del todo interesados en nada. Sí, enseño lengua y literatura.

Podría decir un montón de cosas sobre todo lo que vengo descubriendo y aprendiendo en la docencia, y sobre todas las cosas que me gustaría que mejoren en general y todo eso que todos los que fuimos estudiantes de secundario ya sabemos.

Bla.

Pero lo que me tiene maravillada es la experiencia de leer con otros.

Lo empecé a ver con las primeras novelas que leímos en clase y con las cuestiones que después trabajábamos sobre esas historias. Pero, hace muy poco, un grupo de alumnos tuvo que leer Percy Jackson y el ladrón del rayo, que es un libro que me toca una fibra interior muy poco coherente. Me encanta Percy Jackson, me encanta su desfachatez y me encanta que Riordan haya escrito lo que se le dio la gana. ME ENCANTA.

Y ese día que los chicos tenían que venir con el libro leído, estaba muy nerviosa. Me di cuenta después, cuando sonó el timbre del recreo. Ahí se me aflojó el nudo que tenía en esa fibra incoherente y recién ahí lo noté bien: tenía miedo de que el libro no les gustara. Claro, estaba compartiendo con los chicos una lectura que me había resonado mucho (época post Harry Potter, eterno duelo y esta saga que aparece como una luz de esperanza) y me aterraba pensar que podía aparecer uno sacudiendo el libro con cara encendida de indignación gritando: "¡Profe! ¡Esto es cualquiera! ¿Por qué estos personajes insultan en griego?"

Pero hay algo mágico en la posibilidad de leer con otros y compartir la pasión por una historia y ese día lo vi con claridad.

A algunos chicos les gustó. A otros, no tanto. A algunos directamente no les gusta leer y, bueno, hago lo que puedo. Pero otros aparecieron ese día anunciando que ya se habían comprado el segundo, para seguir leyendo y saber qué pasaba con Percy, Annabeth, Grover. Y en esa clase pudimos dialogar, contarnos porqué nos gustaba o no la novela, qué personajes nos caían bien, cuáles entendíamos, qué escenas nos desconcertaban. Y vi que todo se contagiaba y que mi amor irracional también resonaba en los chicos. Y, sobre todo, pudimos tomarnos en serio la historia, darle a la ficción y a este mundo la dimensión y la importancia que merecían, y analizar y compartir opiniones desde otro lugar.

Así algunos entendieron esta pasión loca que tengo por Percy y algunos otros incluso se animaron a nombrar otros libros que despiertan en ellos esta misma locura. Por un rato, fuimos todos unos locos que se toman en serio estas historias y tienen opiniones y sensaciones profundas sobre lo que pasa en ellas.


sábado, 2 de agosto de 2014

Postal desde un guión

In fairy tales, monsters exist to be a manifestation of something that we need to understand, not only a problem we need to overcome, but also they need to represent, much like angels represent the beautiful, pure, eternal side of the human spirit, monsters need to represent a more tangible, more mortal side of being human: aging, decay, darkness and so forth. 
And I believe that monsters originally, when we were cavemen and you know, sitting around a fire, we needed to explain the birth of the sun and the death of the moon and the phases of the moon and rain and thunder. And we invented creatures that made sense of the world: a serpent that ate the sun, a creature that ate the moon, a man in the moon living there, things like that. 
And as we became more and more sophisticated and created sort of a social structure, the real enigmas started not to be outside. The rain and the thunder were logical now. But the real enigmas became social. All those impulses that we were repressing: cannibalism, murder, these things needed an explanation. The sex drive, the need to hunt, the need to kill, these things then became personified in monsters. Werewolves, vampires, ogres, this and that. I feel that monsters are here in our world to help us understand it. They are an essential part of a fable.
Guillermo del Toro.


martes, 29 de julio de 2014

¿Por qué Buenos Presagios es una novela tan buena?

Esto no es una reseña. Bueno, quizás sí, pero ya el título anuncia una conclusión y no puedo prometer objetividad. Tal vez haya incongruencias, o escenas cuestionables, o errores infiltrados en esta novela pero yo hoy acá no voy a poder detectarlos. No creo que nunca vaya a poder.

Leí Buenos Presagios hace más de un año y hay cosas que todavía me dan vueltas en la cabeza como si acabara de dar vuelta la última página. Mi pregunta, entonces, es: ¿Por qué todavía me acuerdo de cosas de esta novela? ¿Para qué uso mi memoria? ¿Por qué no puedo recordar teléfonos y sí los nombres de estos personajes? ¿Por qué Buenos Presagios es un libro tan bueno? 

Empecemos con una sinopsis para orientar a quienes no sepan (!) de qué libro estamos hablando:
Según Las buenas y acertadas profecías de Agnes Nutter, bruja (el único libro de profecías completamente acertado del mundo, escrito en 1655, antes que ella explotara), el mundo terminará un sábado. El próximo sábado de hecho. Justo antes de la cena. 
Así que los ejércitos del Bien y el Mal se están juntando, Atlantis está emergiendo, las ranas están cayendo, los ánimos se están prendiendo fuego. Todo parece ir de acuerdo al Plan Divino. Excepto un ángel un poco quisquilloso y un demonio de vida ligera - ambos han vivido entre los mortales de la Tierra desde El Principio y se acostumbraron a sus modos de vida -, que no están esperando con tantas ansias el Apocalipsis inminente. 
Y alguien parece haber confundido al Anticristo...
Buenos Presagios es la historia del Apocalipsis, un niño anticristo, un ángel y un demonio que se alían para detener todo y el caos que inevitablemente se desata por todas partes. Sus autores, nada menos que Neil Gaiman y Terry Pratchett, presentan una sátira exquisita sobre el fin del mundo, el mal en la tierra y la locura de los hombres.

Muy bien, ¿qué es lo que me enloqueció tanto de este libro?

Dejando de lado la respuesta fácil y poco amable (¡¡todo!!), señalo en primer lugar a los personajes, que van desde un bebé - El Adversario, Destructor de Reyes, Vástago de Satán, Señor de las Tinieblas - hasta la propia voz de Dios - un Metatrón un poco confundido. Gaiman y Pratchett no dejan títere con cabeza y se divierten diseñando personajes atípicos, con gustos muy particulares y marcados, que se mueven por deseos fuertes. 

El libro presenta un arco iris de criaturas humanas y celestiales muy complejas que, sin embargo, son completamente accesibles: Crowley, el demonio protagonista, es la serpiente que tentó a Eva y, sin embargo, es presentado como "An Angel who did not so much Fall as Saunter Vaguely Downwards" (en un intento desesperado por traducir esto siendo fiel a la sátira: "un ángel que no cayó sino que más bien paseó vagamente hacia abajo"); los cuatro jinetes del Apocalipsis, Guerra, Hambre, Polución y Muerte, se transforman no en unos espectros incorpóreos y horrorosos sino en un grupo de rarezas que buscan al Anticristo y tienen más de un problema en el camino. Por ejemplo, hay una confusión de nombres y varios cambios y se suma a ellos un personaje con crisis de identidad:
"Muerte, Hambre, Guerra y Polución continuaron pedaleando hacia Tadfield. Y Lesiones Corporales Graves, Crueldad Hacia los Animales, Cosas que no Funcionan Bien Incluso Después de Golpearlas, pero secretamente Cerveza sin Alcohol y Gente Muy Cool viajaba con ellos."
Y Muerte habla en mayúsculas, como si sus diálogos fueran puros gritos, o puros pensamientos:
"NO LO VEAS COMO 'MORIRSE', dijo Muerte, PENSALO COMO UN IRSE TEMPRANO PARA EVITAR EL TRÁFICO."
La escritura es otra maravilla. Gaiman y Pratchett abarcan los temas más disímiles y más trascendentales de la historia de la humanidad y de las dudas existenciales con sencillez y, sobre todo, humor. La muerte, el sentido de la vida, las preocupaciones y los sueños y deseos tienen su lugar y tienen su tratamiento desfachatado e, increíblemente, acertado:
"Puede ayudar a entender los asuntos humanos dejar en claro que la gran mayoría de los triunfos y tragedias de la historia son causados no por la gente que es fundamentalmente buena o fundamentalmente mala sino por la gente que es fundamentalmente gente."
"Potencialmente malo. Potencialmente bueno también, supongo. Sólo esta enorme potencialidad poderosa esperando tomar forma."
"El futuro vino y se fue de la misma forma levemente desalentadora en que lo hacen los futuros."
El libro es un festín de miradas particulares sobre temas universales, de interpretaciones libres de frases y dichos inalterables y de personajes que, en medio de la debacle del mundo, encuentran lugar para cuidar libros, escuchar un casette de Queen o jugar con sus amigos.

Hay mucho para decir de Buenos Presagios y las cosas se me agolpan en la cabeza y me da ganas de escribir otra lista infinita de citas geniales. Pero, lo que realmente hace que este libro sea tan bueno, es que todas estas cosas juntas funcionan -y funcionan perfecto- y presentan una historia poco convencional, que apunta a romper con estereotipos y miradas dramáticas, y muy particular de un suceso que, en realidad, suele ser ser encarado con otro tono.

No sé si esto sirve como reseña (quizás en un par de meses o años vuelva a armar una entrada sobre "¿por qué Buenos Presagios es una novela tan buena?, volumen 2" y acá estemos todos de vuelta leyendo citas sobre el Anticristo), pero lo que sí espero es que sirva para entusiasmar y señalar que este libro definitivamente merece ser hojeado.



Nota: Leí el libro en inglés y todas las citas son traducciones mías (espero que no demasiado infieles a la naturaleza del libro). Agnes Nutter aparece traducida en el oficial como Agnes la Chalada, pero yo no puedo con eso y opté por dejarle el nombre en inglés (sí, "nutter" en inglés significa chiflado, pero sigue sonando mejor en inglés porque sugiere que, no sé, se le saltaron las nueces de la cabeza).





lunes, 28 de julio de 2014

Mientras leo y otros escriben

Hay algo mágico en la lectura. Eso es obvio, acá estamos, si no, no tendría un blog. Pero hay algo doblemente mágico cuando una lectura despierta instintos escritores.

Nada me gusta más que leer cosas que escriben los autores sobre sus procesos de escritura. Hace un par de años lo hacía porque necesitaba saber cómo se hacía, cuales eran los secretos ocultos, qué tipos de animales sacrificaban para tentar a las musas y qué tipo de cuadernos compraban (¿rayados o lisos?).

Buscaba desesperadamente la receta para la escritura y esperaba encontrarme con cosas lineales y puntuales: "Siéntese, abra el cuaderno porque las computadoras distraen y en el tiempo que tarda en abrirse el Word ya estará cargando el capítulo de alguna serie. Abra la lapicera (si es de tinta la escritura fluirá mejor) y en tres oraciones simples defina a su personaje principal. Ahora, invéntele un miedo. Ahora, un hobby. Piense si está enamorado o si quiere que en el transcurso de su novela se enamore. Póngale unos padres desastrosos (o nada de padres, los huérfanos lucran más). Determine qué es lo que quiere y cuál va a ser el obstáculo. Escriba eso en un párrafo. Piense el final y definalo en una oración. Ahora rellene todo con descripciones, datos de color, personajes secundarios graciosos, algún villano oscuro que sea alegoría de algún mal de esta sociedad y, ¡voilá!, llegue a las trescientas páginas, consiga editorial, publique y nade en un mar del merchandising que se haga cuando una productora de cine le compre los derechos de su novela"

Eso esperaba, ¡no!, eso quería encontrar en esos textos.

Por supuesto, nada de eso llegó a mis manos y mi frustración fue suprema. ¿Cómo que no dicen cómo hicieron? ¿Cómo que no cuentan de dónde sacan las ideas brillantes? ¡¿Cómo que no hay sistema fijo que dé como resultado una novela gordita y buena?!

Consejos de Neil para escritores jóvenes.

Fue una frustración de muchos meses (que quizás se convirtieron en años). Pero, a medida que fui logrando superarla, me encontré con otras cosas en esos libros.

Los autores (según puedo opinar después de varias novelas y artículos sobre escritura de diversos escritores), cuando escriben sobre cómo escriben o sobre lo que opinan de la escritura, derivan, por lo general en dos cosas o instancias (que pueden mezclarse, y de hecho así lo hacen):

a. El "desorden"
De pronto, todos los escritores que siempre admiramos se transforman en seres humanos comunes y corrientes a los que las cosas les salen solamente porque hubo suerte y mucho, muuucho esfuerzo. Y es hermoso. Hablan sobre lo mucho que les costó escribir tal cosa, cuánto tiempo tuvieron guardada en un cajón una novela que después fue una genialidad; describen las circunstancias adversas que no los dejaron escribir durante meses; mencionan los trabajos aburridos que tuvieron durante mucho tiempo; escriben ensayos sobre lo mucho que los angustiaba la hoja en blanco y la imposibilidad de escribir siquiera una oración. Se traban, se anulan, desconfían de lo que hacen y desconfían de los gatos que se sientan sobre los manuscritos. Se cansan, están horas tipeando y se acaban el café de la casa. Es casi como leer el propio proceso de escritura, torpe y a los golpes. Y estos escritores dicen: el único sistema es seguir, como se pueda, cuando se pueda. Y siguen, y esto me lleva a la segunda instancia...

b. La pasión
En medio de tantos líos, en medio de muchos "no, la verdad es que mi sistema es sentarme y obligarme a escribir", o muchos "escribo en cualquier momento, en cualquier lugar, porque si no las ideas se me escapan", aparece otra cosa, una emoción incontenible que se contagia. Por todas partes se filtra una pasión que hace que todo valga la pena: no dormir, no comer, trabajar de cualquier cosa, pasar años buscando un sistema ordenado, tratar de romper las reglas de los géneros, lidiar con la falta de voluntad, superar los comentarios negativos. Y hablan de libros que leyeron, de cosas que los inspiraron, de historias que los marcaron para siempre...

Llegar a esa instancia de estos libros donde casi lo único que se puede leer es una pasión desmedida y descontrolada por la escritura y las historias que dan vueltas y piden ser escritas, se transforma en un momento muy especial. Ahí veo que estos autores son gente común, normal y totalmente especial, porque hacen lo que les gusta, y lo único que pueden y quieren transmitir es lo mucho que los apasiona escribir (y, sí, por supuesto, leer): no hay reglas, no hay sistemas, no hay fórmulas secretas o musas pequeñas escondidas en la ropa que susurrran ideas geniales. Sólo hay ganas, ganas profundas por escribir y contagiar esa pasión, y muchos, muchos intentos.

No sé si esto se aplicará a todos los escritores, pero algo de esto me fui encontrando en los libros que leí sobre cómo escribir:
- Bird by bird, de Anne Lammot
- Cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa
- Mientras escribo, de Stephen King
- Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke
- Reflections: On the magic of writing, de Diana Wynne Jones (en proceso de lectura, por ahora)
- Make good art, de Neil Gaiman
- El blog de Neil Gaiman, completito (bueno, todo lo que llegué a leer)

Y quizás me olvido otros. Pero lo que no me olvido es esa alegría que me contagian, que sale de la pasión pura por la escritura.


martes, 22 de julio de 2014

Si decido quedarme

If I stay (If I stay, #1), Gayle Forman, 2009. Dutton Juvenile.
Elecciones. Mia, de diecisiete años, tiene algunas difíciles por delante: ser fiel a su primer amor - la música - incluso si eso significa perder a su novio y dejar a su familia y amigo atrás. Entonces, una mañana de febrero, Mia sale de pasea con su familia y en un instante, todo cambia. De pronto, todas las elecciones desaparecen, excepto una. Y esa que queda es la única que realmente importa.
En la eterna cruzada por alcanzar a leer los libros antes de que salgan sus versiones cinematográficas, avancé con Si decido quedarme, de Gayle Forman, una novela que ya me había cruzado antes en otras reseñas y menciones. Conocía la premisa y había visto muy buenas reseñas sobre esta novela breve, pero nunca me había decidido a leerlo. Hace poco (ahora ya no tan poco) salió el trailer de la película y, entonces, supe que había llegado la hora.

La historia de este libro es bastante lineal y no guarda grandes sorpresas: accidente de auto, drama, horrores, sufrimiento y mucho llanto. Mia es una chica que está terminando el secundario, a punto de elegir universidad, con un novio bastante diferente y una familia muy original, y de pronto todo se le viene en banda cuando un borracho los choca. La historia entonces gira en torno a la decisión que propone el título: ¿Mia -en coma, medio muerta- decide quedarse o no?

Si bien tiene ingredientes leídos y re vueltos a leer (chica especial, talento especial, novio especial, familia especial; demasiado hincapié en la particularidad de todo, en mi humilde opinión), la novela logra un juego muy interesante en la organización de la historia. Todo se sucede en una serie de flashbacks intercalados con fragmentos que narran qué hace Mia en el hospital mientras decide todo. Mia revisa su vida, casi de forma involuntaria, mientras se cruza con sus parientes, algunos amigos y el novio, en el hospital, de forma espectral. La combinación es atrayente y logra construir el mosaico de esa vida rota sin caer en demasiadas escenas repetidas o previsibles.

Las vueltas en la trama son sutiles y pequeñas pero logran incluso hacer dudar sobre la decisión de Mia. Hay un buen manejo del drama: no cae en el llanto desconsolado y logra centrarse más en el dolor de lo que vendrá, sea lo que sea que elija.

Es un libro tranquilo, de esos que se pueden leer sin desesperación, pero da la posibilidad de disfrutar las pequeñas escenas que presenta. El punto más alto es, sin duda, el final, que no sorprende tanto pero que está bien escrito y bien sellado. Una lectura amena, sin mucho compromiso, pero que termina dejando un buen gusto.


martes, 8 de julio de 2014

Rowling nos cuenta algo más de Harry

Los fans de Harry Potter tocamos el cielo, nos llenamos de nostalgia y sonreímos con indulgencia cuando Pottermore sorprendió hoy con un artículo de Rita Skeeter escrito por Rowling.

En el contexto de la Copa Mundial de Quidditch que está teniendo lugar acá en Argentina (un momento de silencio para nuestros corazones que acaban de entrar en paro), y que Ginny Potter estuvo cubriendo estos últimos meses, el artículo de Rita Skeeter apareció para dar una nota de color: "¡El Ejército de Dumbledore se reúne para la final de la copa mundial de Quidditch!".


El breve artículo se dedica a detallar la velada presencia de los miembros más importantes del Ejército de Dumbledore en la copa del mundo desde la mirada de Skeeter: especulando, elucubrando y, sobre todo, imaginando historias turbias y engaños donde, en apariencia, no habría nada para leer entre líneas.

El artículo permite reencontrarse con Harry, Ron, Hermione, Ginny, Neville y Luna, sus familias y sus vidas actuales, y descubrir algunos pequeños indicios de cómo son sus vidas ahora, después de tantos años y sabiendo tan poco de ellos en sus años post Hogwarts. Leerlo, es, además, como volver a casa porque el estilo de Rita se mantiene fiel a su capacidad para irritar y hacer enojar y uno se siente sosteniendo el libro cuatro de nuevo.

Una hermosa sorpresa por parte de Rowling que le da un plus a Pottermore y que, por lo menos a mí, me hace preguntarme por qué no se arman más cosas como esta en esa página.

El artículo, por acá.

¡Que lo disfruten!



domingo, 22 de junio de 2014

Recolección

Está terminando el primer cuatrimestre del último año (!) de la carrera y, por supuesto, las cosas son un caos absoluto. Así que, a falta de reseñas pensadas, acá hago un rejunte de cosas que estuve mirando este tiempo:

En primer lugar, Milala (así será tu apodo para siempre, lo siento) me conectó con un artículo muy genial: La ingeniosa cruzada de una autora de literatura juvenil para defender el género más vapuleado de la literatura. Está en inglés pero es casi como leer una novela juvenil (y he ahí su ingenio) cuyo objetivo central es defender a la literatura juvenil. Genial, ¡gracias! (Y ya que estamos, hago referencia y recomiendo el blog nuevo de Milala, dedicado a las aventuras de leer novelas gráficas)

Ojalá mi edición tuviera este dibujo tan acertado.
Por otro lado, mis lecturas estuvieron dando vueltas por el continente latinoamericano estos meses y tengo un par de recomendaciones sobre las que eventualmente me explayaré: El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias (reinvención del mito del dictador latinoamericano con una prosa que da ganas de estamparla en una remera) y el mítico Pedro Páramo, de Juan Rulfo, que me sorprendió por completo. Es tétrico y misterioso y conviene leer el artículo de Jean Franco, "El viaje al país de los muertos", para terminar de entender toda su magia (o por lo menos eso es lo que me hizo falta a mí).

Vengo leyendo If I Stay, de Gayle Forman hace rato, en los tiempos libres reducidos a minutos breves antes de irme a dormir, porque pronto se viene la película. La premisa me resultaba sosa, pero el libro viene probando que es más que la trama.

En materia televisiva puedo recomendar The 100, una serie nueva de CW inspirada en el libro homónimo, que se centra en la vida de cien adolescentes delincuentes, que son enviados a la Tierra desde el Arca (una superbase espacial, donde la humanidad vive desde hace más de noventa años a causa de algún tipo de guerra nuclear que asoló la Tierra) para comprobar si la Tierra es habitable, porque necesitan abandonar el Arca que ya no es sustentable.


Los primeros capítulos presentan bastantes clichés, pero, luego, a medida que la temporada avanza, el guión abandona las escenas esperables y los giros narrativos abusados y se lanza en una reflexión sorprendentemente profunda sobre el liderazgo, la moralidad y el estado de sitio. Los personajes, además, se vuelven más grises y menos estereotipados. Me hizo acordarme bastante a El Señor de las Moscas porque, salvando las diferencias, muchos de los planteos que hace se asemejan a los que propone Golding. Según los comentarios y críticas que alcancé a leer, el libro no vale la pena, así que, por ahora, me voy a quedar con la serie.

Hay más (siempre hay más), pero esto es lo que me da vueltas en la cabeza ahora.

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